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Mauricio Cabrera Galvis
Sábado 23 de diciembre de 2023 - 12:00 PM

Belén queda en Palestina

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Víspera de Navidad. No sería grato distraer a los lectores del espíritu navideño con una árida columna de análisis económicos del año que pasó o pronósticos del que viene. En esta época se debería hablar del niño que nació en Belén, de su mensaje de paz y amor, de los regalos debajo del árbol, de los deseos de prosperidad para el año nuevo, de tantas cosas bonitas de estas festividades.

Pero como diría Bertold Brecht, hay tiempos en “hablar sobre árboles es casi un crimen, porque supone callar sobre tantas y tantas alevosías”. Porque es imposible pensar en el portal de Belén y no recordar que Belén queda en Palestina, región desgarrada hoy por las masacres terroristas de Hamas contra pacíficos kibutz, y por los bombardeos genocidas del ejército de Netanyahu contra la franja de Gaza

Mientras los ángeles celebran el nacimiento del niño Jesús cantando “Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad”, en esa misma tierra son asesinados cientos, miles de niños. 40 fueron los niños y bebes israelís víctimas del sanguinario ataque de Hamas, y van más de 8.000 chiquillos palestinos asesinados en Gaza, cifra que aumenta cada día.

Con esta absurda ley del Talión centuplicada, que reclama cientos de ojos por uno, Gaza se ha convertido en un cementerio de niños por los muertos por las bombas asesinas, por miles más de heridos, por miles de huérfanos que vieron desangrarse a sus padres, y no se sabe cuantos más que fallecerán por el hambre y las epidemias causadas por las condiciones infrahumanas que viven como refugiados en su propio país.

Han sido inútiles los llamados internacionales para que cese el fuego, que paren los bombardeos contra civiles indefensos, que se permita la entrada de alimentos, agua y medicinas. El ejército de Netanyahu continúa su mortífera misión de querer exterminar a los terroristas de Hamas, sin importar cuantos inocentes caigan en el camino. Para los sionistas radicales es un paso necesario para su objetivo de expulsar a los palestinos de la que consideran su tierra prometida.

Criticar al genocida Netanyahu y sus políticas de apartheid, o insistir en la creación de un estado palestino no es ser antisemita. Porque no todos los palestinos no son Hamas, ni todos los israelíes son Netanyahu. Y sobre todo porque es lo que más le conviene a los mismos judíos para la supervivencia pacífica del estado de Israel y para que recuperen la estatura moral que han perdido ante el mundo con este genocidio.

Soy de la generación que creció admirando al pueblo judío. Su resiliencia frente a las atrocidades del Holocausto, la resistencia del gueto de Varsovia contra los tanques de Hitler, o la travesía de los sobrevivientes del genocidio nazi para construir un estado judío narradas por León Uris en sus novelas “Mila 18¨ y “Exodus”, eran ejemplos claros de heroísmo que emocionaban el corazón de un adolescente.

Las primeras luchas del pequeño estado de Israel para defenderse de los ataques árabes, reforzaron la imagen del pequeño David derrotando al gigante Goliat. Pero las cosas cambiaron; David se creció y ahora es el gigante poderoso y armado hasta los dientes . Para poder volver a admirar al pueblo judío es necesario que en el Belén de Palestina se pueda volver a celebrar la Navidad en Paz.

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