domingo 22 de noviembre de 2020 - 12:00 AM

La papa y la macroeconomía

Durante la pandemia la tercera parte de los hogares está haciendo una comida menos que antes, y la papa es un ingrediente esencial del menú colombiano.
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Las patéticas escenas de campesinos del altiplano cundiboyacense envueltos en sus ruanas para protegerse del frio paramuno y cargando al hombro sus bultos de papa para salir a las carreteras y venderlos a cualquier precio, no solo son todo un símbolo y resumen de la situación de los pequeños productores agrícolas en Colombia, sino además un indicador de lo que está pasando en la economía en su conjunto.

La papa, a pesar de ser un cultivo que ocupa menos del 5% del área sembrada en Colombia y que representa menos del 4% de la producción agrícola nacional, siempre ha tenido un significado macroeconómico mucho mayor que su tamaño, y su evolución refleja muchas de las características y problemas de nuestro modelo de desarrollo.

En los años sesenta del siglo pasado, antes de que se tuviera todo el instrumental estadístico con que se cuenta hoy en día para medir y tratar de anticipar la variación de los precios, los economistas empezaron a usar el precio de la papa como un indicador anticipado de la inflación. El grupo de alimentos pesaba mucho en la canasta familiar, y los ciclos de precios de la papa determinaban las variaciones de este componente del IPC.

Medio siglo después la papa pesa mucho menos en la producción y el consumo de los hogares, pero la crisis de los paperos refleja las causas y características de la crisis económica de la pandemia. El precio de la papa se ha desplomado de unos 50.000 a 10.000 pesos el bulto, valor que no cubre ni una tercera parte de los costos de producción. ¿Las causas? Las mismas que están afectando a muchos sectores de la economía: una gran caída de la demanda interna, el aumento de las importaciones y las dificultades para exportar.

La demanda interna se ha desplomado, en parte por el cierre de hoteles y restaurantes que representaban alrededor del 30% de las compras del tubérculo; el menor consumo de papa refleja la caída de la actividad económica, con su consecuencia directa de la pérdida de empleos.

También ha caído el consumo de papa en los hogares. No es que los colombianos hayan decidido hacer dieta y disminuir la ingesta de carbohidratos, sino que no tienen ingresos ni para comprar el mercado y están pasando física hambre. Durante la pandemia la tercera parte de los hogares está haciendo una comida menos que antes, y la papa es un ingrediente esencial del menú colombiano.

En cuanto a las importaciones, como consecuencia de los TLC han crecido rápidamente pasando de 8.981 toneladas en 2009 a 58.616 toneladas en 2019, sobre todo de producto procesado y con dumping de los países europeos. Como la apertura que se hizo en Colombia fue para adentro y no ha habido una verdadera política de promoción, las exportaciones de papa que llegaron a 22.000 toneladas en 2009, se desplomaron a solo 1.680 el año pasado. La balanza comercial de la papa es negativa en USD 55 millones.

Violeta Parra, la gran folklorista chilena, plasmó en un verso esta situación común a toda Suramérica: “La papa nos la venden naciones varias / cuando del sur de Chile es originaria”. La razón de esta tragedia la dice al final de su canción: “En medio de alamedas de la delicias / Chile limita al centro de la injusticia”.

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