domingo 19 de septiembre de 2021 - 12:00 AM

La resurrección de Mao

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En la China Comunista las políticas de Mao Tse Tung fueron abandonadas después de los fracasos del Gran Salto Adelante en los años 50 del siglo pasado y la Revolución Cultural en los 60, que dejaron millones de muertos por hambrunas y represión política.

El objetivo frustrado de Mao, de lograr una “ prosperidad común” fue olvidado y Deng Xiaoping embarcó al país en un modelo de capitalismo salvaje, combinado con un régimen comunista de partido único. “No importa de que color sea el gato con tal que atrape ratones”, fue su slogan para combinar el agua y el aceite y justificar que unos pocos se hicieran muy ricos frente al resto de la población.

Los resultados de la estrategia fueron asombrosos en materia de crecimiento económico, y mejoramiento de la calidad de vida de buena parte de la población sacando a 800 millones de personas de la pobreza. Papel importante jugaron los enormes flujos de inversión extranjera, atraídos por el bajo costo de la mano de obra y la garantía de que no tendrían sindicatos hostiles ni huelgas para reclamar los derechos de los trabajadores.

Pero los resultados fueron desastrosos en materia de equidad. En los 80s la desigualdad en China era similar a los más igualitarios países nórdicos, con Gini de 0.22 y el 25% de la riqueza en manos del 10% más rico de la población. 30 años después estos índices son 0.45 y 40% respectivamente. Según el Hurun Report, China tiene hoy más billonarios (1058) que los Estados Unidos (696).

Como consecuencia, hoy China está en el podio de la desigualdad entre los países desarrollados, solo superado por Estados Unidos. Según datos del Credit Suisse, la tajada de la riqueza del país en manos del 1% más rico en China el 31%, mientras que en EE.UU es el 35% y en Europa menos del 25% El extremo es Hong Kong que es un caso único de una economía capitalista que se ha vuelto más desigual al convertirse a un régimen comunista. La explicación que da Piketty es que bajo el control inglés tenía altos impuestos a las herencias y las sucesiones, que se eliminaron al pasar al control de Pekín, úes en China no existe ese impuesto

Una situación de tanta inequidad, que conlleva altos niveles de corrupción, es una bomba de tiempo que puede explotar aún bajo el rígido control del Partido Comunista. Además porque quedan más de 600 millones de personas viviendo en situación de pobreza y sin un sistema de protección social universal que garantice salud, educación y vivienda de buena calidad para todos.

La protesta social es reprimida totalmente en China, pero eso no significa que no exista, y los líderes chinos saben que la legitimidad de su modelo está en juego. Por eso el presidente Xi Jinping ha empezado a tomar medidas que quieren poner en cintura el capitalismo salvaje y redistribuir la riqueza.

Con zanahoria para estimular a los super ricos a que le devuelvan más a la sociedad, y garrote para controlar monopolios y excesivas tasas de ganancia, Xi ha lanzado una campaña que ya muestra resultados, como por ejemplo que dos de las mayores empresas chinas, Alibabá y Tencent, se han comprometido a donar cada una USD 15.000 millones para proyectos sociales. Xi ha resucitado el viejo objetivo maoísta de “prosperidad compartida”

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