domingo 11 de enero de 2009 - 10:00 AM

Los planes de reactivación

Con la penosa excepción de Colombia, se multiplican en el mundo los gobiernos que anuncian planes de reactivación económica para hacer frente a la amenaza de la más grave recesión mundial desde la crisis de 1929.

Esta semana fueron los presidentes de Estados Unidos (Obama por supuesto, porque a Bush ya nadie lo tiene en cuenta), México y Chile, así como el primer ministro de Inglaterra, los que anunciaron nuevos paquetes de medidas de estímulo económico, adicionales a las que se han venido tomando desde el año pasado.
El más ambicioso de estos programas es, como era de esperarse, el de Obama, quien presentará al Congreso medidas fiscales por un valor de 775.000 millones de dólares (4 veces el PIB de Colombia).

A pesar de su magnitud ya hay voces autorizadas, como el reciente premio Nóbel Paul Krugman, que opinan que tal vez no sea suficiente frente a la caída de la producción y el consumo que se pronostica en la economía norteamericana.

Además se cuestiona que por la presión del partido republicano, cerca de 300.000 millones de dólares se destinen a reducir impuestos, porque es muy probable que la plata que reciban los hogares por devolución de impuestos la utilicen para ahorrar o pagar deudas y no para aumentar el consumo, con lo cual se pierde el impacto reactivador de esos dineros.

A pesar de las diferentes posturas ideológicas de los gobiernos, los planes anunciados tienen dos elementos en común.

En primer lugar, se trata de programas de total orientación keynesiana en los que el instrumento principal utilizado es la política fiscal, en particular el aumento de la inversión pública en infraestructura, porque como lo recordó Obama 'solo el gobierno puede romper el ciclo que está paralizando la economía, donde la disminución del consumo genera pérdida de empleos que a la vez conduce a menor consumo.'

Esto no quiere decir que se descuide la política monetaria; de hecho de manera simultánea con los anuncios del primer ministro Gordon Brown, el comité de política monetaria del Banco de Inglaterra decidió recortar en medio punto sus tasas de interés hasta situarlos en el 1,5 %, el nivel más bajo desde la fundación del Banco hace tres siglos.

Sin embargo se reconoce que ni siquiera estas tasas tan bajas, e incluso negativas si se descuenta la inflación, son suficientes para frenar la recesión.

En segundo lugar el común denominador de estos planes es que ya no están dirigidos al rescate del sector financiero sino a la reactivación de la economía y sobre todo a la reducción del desempleo.

El objetivo de Brown es crear 100.000 empleos en obras públicas.

En México el presidente Calderón denominó su programa un 'Acuerdo Nacional en favor de la Economía Familiar y el Empleo', adicional al aumento de 5.000 millones de dólares en el gasto público que había anunciado el año pasado.

En el otro extremo del espectro ideológico, la presidente Bachelet de Chile lanzó un plan de emergencia para 'reactivar la economía y reducir el desempleo', con un costo de 4.000 millones de dólares (2.8% del PIB chileno) que significa un aumento del 50% en el presupuesto de inversión pública, el más alto en la historia de ese país.

En Colombia, por el contrario, los anuncios son de recortes al presupuesto en una cuantía de 3 billones de pesos.

La razón de la diferencia no es que aquí no tengamos amenazas de recesión, ni que el presidente o su ministro sean antikeynesianos.

Es mucho más simple: Estados Unidos puede financiar un déficit fiscal que puede llegar a ser del 8% de su PIB, mientras que Chile y México tienen enormes ahorros fiscales hechos en la época de bonanza con los cuales pueden financiar el aumento del gasto.

En Colombia no los tenemos y ahora vamos a pagar los excesos de gasto de 6 años de campaña electoral.

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