domingo 06 de diciembre de 2009 - 10:00 AM

Seguridad ¿democrática?

} El debate sobre la seguridad 'democrática' se ha concentrado en los resultados en materia de Seguridad, y se ha dejado de lado otra evaluación incluso más importante: la de los resultados en materia de Democracia.

Los buenos resultados en Seguridad son evidentes. Aunque no se ha logrado acabar con la guerrilla después de siete años y miles de millones de dólares gastados en el conflicto, sí les han asestado golpes contundentes que la han debilitado y obligado a replegarse a lo profundo de la selva. El Estado ha recuperado la soberanía sobre casi todo el territorio nacional y ya no existen en el país zonas controladas por la guerrilla, los secuestros han disminuido y la percepción de seguridad en las zonas rurales ha mejorado. No sucede lo mismo en las ciudades. En Bogotá, Medellín y Cali, así como en otras 16 ciudades del país, han aumentado en el último año los índices de homicidios y las encuestas muestran cómo crece la percepción de inseguridad entre los habitantes urbanos, en parte por la reactivación de bandas de paramilitares supuestamente desmovilizados, y en parte por el incremento de la delincuencia común, de robos, atracos y asesinatos, asociada al deterioro de las condiciones sociales de buena parte de la población.

Ante esta realidad es muy oportuna la propuesta del candidato liberal, Rafael Pardo, de reforzar la seguridad en las ciudades con nuevas políticas de prevención de delitos, más policías y sobre todo con más recursos presupuestales, incluyendo la destinación del 30% del nuevo impuesto al patrimonio a la seguridad urbana.

Pero el debate de fondo para las próximas elecciones presidenciales es otro. Todos los candidatos apoyan la necesidad de mantener con toda intensidad la presión contra las Farc; todos insisten en la necesidad de combatir el narcotráfico; casi todos proponen luchar contra el resurgimiento del paramilitarismo. La diferencia está en el cómo hacerlo. Los uribistas  quieren que se reelija la seguridad 'democrática' como ha propuesto el presidente; los progresistas proponen  más seguridad pero con métodos que no destruyan la Democracia como lo ha hecho la política del actual gobierno.

Porque no se puede decir que es democrática una política de seguridad que olvida a los 3 millones de desplazados víctimas del conflicto, y solo les presta una mínima atención cuando se lo ordena la Corte Constitucional

No es democrática una seguridad que propicia la detención arbitraria de miles de inocentes.

No es democrática una seguridad construida sobre la base del espionaje, las chuzadas y los informantes.

No es democrática una seguridad donde el DAS se puso al servicio de paramilitares y delincuentes y se utiliza para perseguir a la oposición.

No es democrática una seguridad que utiliza toda clase de incentivos perversos para mostrar falsos resultados positivos.

No es democrática una seguridad que libera y recompensa a asesinos y secuestradores para fortalecer el cartel de los sapos contra la guerrilla.

No es democrática una seguridad que permite miles de ejecuciones extrajudiciales.

No es democrática una búsqueda de la seguridad que, en palabras del Ministro del Interior,  requiera 'tanta justicia como sea posible y tanta impunidad como sea necesaria'.

No es democrática la política de seguridad que para combatir el terrorismo viola las normas básicas del Derecho Internacional y no respeta la soberanía de los países vecinos.

En fin, no es democrática una política de seguridad en la que 'todo vale' y que no tiene como fundamento esencial el principio de que toda vida es sagrada.

Colombia sí necesita más seguridad pero sin recurrir a los atajos ni acabar la Democracia. Se necesita una nueva política de seguridad que no renuncie a los ideales del imperio de la ley y los derechos humanos por conveniencia, porque como lo dijo el presidente Obama en su discurso inaugural, 'rechazamos como falsa la elección entre nuestra seguridad y nuestros ideales'.

 

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