jueves 10 de octubre de 2019 - 12:00 AM

Cero y van tres

Samuel Moreno se dejó llevar al patíbulo sin aceptación alguna, a riesgo de morirse en la prisión.
¡Difícil!
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Un juzgado penal de Bogotá produjo esta semana la tercera condena en contra del exalcalde Samuel Moreno Rojas, esta vez a una pena de 30 años de prisión por los delitos de peculado y concierto para delinquir, producto del desfalco al erario en el denominado “carrusel de la contratación”.

Antes ya se habían producido otras dos condenas, la primera a la pena de 24 años de cárcel y la segunda por una sanción penal de 39 años, también relacionadas por delitos contra la administración pública y celebración indebida de contratos. Condenas duras contra un exmandatario de la capital de la República, quien desde hace 8 años está privado de la libertad.

Como en Colombia no opera la suma aritmética de penas, seguramente Samuel Moreno purgará una condena definitiva alrededor de los 40 años de prisión, partiendo de la pena más alta de todas las impuestas, en lo que se conoce técnicamente como “acumulación jurídica de penas”. El exalcalde, entonces, estaría condenado casi que a cadena perpetua, ¡ni más ni menos!

Dos visiones puede tener este asunto:

La primera, que la justicia sancionó ejemplarmente unos gravísimos actos de corrupción y que nadie, por importante que sea, está por encima de la ley. Que investigó unas conductas ilícitas cometidas por altos funcionarios y contratistas, y que castigó con rigor esos delitos. ¡Buen balance para la justicia penal!

Y la segunda, que todavía la opinión sigue sin entender las razones de la defensa de Samuel Moreno, respetando obviamente la estrategia de sus abogados. Nadie entiende los motivos por los que el exalcalde nunca se sometió a un preacuerdo, nunca estableció una negociación con la Fiscalía, no pidió beneficios por colaboración eficaz, nunca delató otros partícipes, en fin, nunca aceptó los cargos para ver reducida su condena. Curiosamente la mayoría de sus compinches, utilizando instrumentos de colaboración, hoy están en libertad.

Muy extraño que no haya utilizado los mecanismos de reducción de pena establecidos legalmente en lo que se conoce como “derecho penal premial”. Samuel Moreno se dejó llevar al patíbulo sin aceptación alguna, a riesgo de morirse en la prisión. ¡Difícil!

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