viernes 15 de marzo de 2019 - 12:00 AM

Colapso en la Judicatura

En la Sala Disciplinaria del Consejo Seccional de la Judicatura de Santander están agobiados laboralmente, o como dicen en los pasillos, están reventados, absolutamente reventados ante la carga de trabajo por la cantidad de expedientes por sustanciar y fallar.

El problema se agudiza en la medida en que los tres magistrados que integran la Sala tramita cada uno algo así como 1.200 procesos al año, y en su planta de personal existe apenas un auxiliar judicial, uno solo. No existen abogados asesores ni sustanciadores, tan necesarios e indispensables en una dependencia que adelanta investigaciones disciplinarias contra jueces, fiscales y abogados, y que además practica pruebas y debe fallar de fondo los procesos.

También, como en materia disciplinaria opera la famosa oralidad, resulta que cada magistrado realiza ocho audiencias diarias, en promedio 30 audiencias a la semana, existiendo solo dos salas para llevar a cabo esas diligencias. Y para rematar, no tienen digitadores de audiencias. ¡Deplorable!

Como si las anteriores deficiencias fueran pocas, a partir del mes de mayo de este año esos magistrados asumen competencia, además, para investigar a todos los empleados judiciales y a los empleados de la Fiscalía. Más trabajo y mayores responsabilidades, pero con el mismo personal.

La justicia en Colombia está funcionando mal, muy mal, y prueba de ello es lo que sucede en una instancia superior como el Consejo Seccional de la Judicatura de Santander, fiel reflejo del colapso y la congestión, y del desprecio de las altas esferas institucionales por el propio andamiaje judicial. Aunque debería existir una colaboración armónica entre el Ministerio de Justicia, el Ministerio de Hacienda y la Sala Administrativa del Consejo Superior de la Judicatura, esa colaboración parece que no existe, dejando en el limbo unas Salas Disciplinarias que merecen mejores condiciones laborales y un mayor recurso humano y técnico.

Es como si cada vez fuéramos hacia atrás, no se avanza, en plena época de modernidad y tecnología. El discurso oficial acerca de la justicia es uno, pero la realidad es otra, y esto no promete mejoría. ¡Vergonzoso!

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