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Miguel Angel Pedraza
Viernes 23 de febrero de 2024 - 12:00 PM

El personero del derroche

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Esta semana termina su período como personero de Bucaramanga el abogado Daniel Guillermo Arenas Gamboa, quien fuera elegido para ese cargo por el concejo anterior de la mano del exconcejal Fabián Oviedo, por entonces “amo y señor” del cabildo municipal.

Arenas Gamboa culmina su gestión “sin pena ni gloria”, o mejor, con desprestigio y muchos cuestionamientos. El hombre nunca iba por la oficina, poco atendía a la gente que lo necesitaba, se la pasaba viajando y viaticando, amparándose en su condición de presidente de la Federación Nacional de Personeros. Una dignidad que ostentó para su lucimiento personal, aunque desconociendo sus obligaciones como personero de la ciudad.

Siempre ausente, pero cuando aparecía lo hacía para malgastar el presupuesto de la entidad, derrochando en actividades que no sirvieron para nada. Es el caso de las denominadas “Jornadas descentralizadas de la Personería”, en donde se despilfarraron $1000 millones el año pasado, curiosamente en pleno año electoral. Se realizaron 20 jornadas cada una a $50 millones, jornadas que duraban un día y listo, o sea $50 millones por día, y así facilito se devoraban la plata de la institución.

Además, según se sabe, por pura casualidad la mayoría de esas jornadas se realizaron en barrios y sectores dominados por Fabián Oviedo, quien para esa época era candidato a la Alcaldía de Bucaramanga. ¡Qué coincidencia!

Un personaje gris el personero Daniel Arenas, muy ausente pero también muy inescrupuloso. Y este año sigue igual, anticipando su despedida. Entre enero y febrero poco ha ido por su oficina, aunque no se le ha olvidado derrochar. Acaba de ordenar la contratación de unas capacitaciones técnicas de bajo perfil, una por $100 millones y la otra por $180 millones, bajo el ropaje de los famosos diplomados que dizque fortalecen los conocimientos de los empleados. Y ni hablar de los “contratistas fantasmas”.

Además de todo, el señor resultó indelicado. Aseguran que un hermano suyo de nombre Rafael Arenas, a quien denominan irónicamente “el notario de la personería”, iniciando el período atendía y daba órdenes desde el despacho como si fuera el dueño de la institución, intentando montar un desvergonzado negocio de familia.

El desprestigio de las personerías municipales está bien ganado con personajillos mediocres como el personero Daniel Arenas. Aprovechan el “cuarto de hora” para lucrarse impunemente, olvidando por completo su compromiso con el servicio público. ¡Qué desfachatez!

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