domingo 02 de agosto de 2020 - 12:00 AM

La ciudad está rota

La ciudad está rota, y no solo porque están rompiendo las calles para hacer más ciclocarriles. Está rota también en materia de seguridad, por la desbordada criminalidad.
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En Bucaramanga están rompiendo las calles para construir más ciclorrutas, en cumplimiento de un programa de movilidad sostenible que viene de la administración anterior y que persiste en la actual, a pesar de sus resultados poco satisfactorios y menos convincentes. Están rompiendo la ya congestionada carrera 21, también la carrera 30 y la 29 y la 35, amparados en las bondades equitativas y ambientales del transporte en bicicleta.

Bondades que no se discuten, claro está, máxime cuando los señores de la ONU-Habitat supieron vender muy bien ese proyecto al pasado gobierno para hacer de Bucaramanga la “Barcelona Suramericana”. El problema está en que una cosa fue el discurso y la retórica alrededor de las ciclorrutas y otra muy diferente es la realidad imperante.

Porque si se trata de realidades, el hecho cierto es que los ciclovías no han servido en la ciudad, o de pronto sí, han servido para estacionar carros, motos, carretillas ambulantes, hacer recorridos en contravía y otros tantos absurdos. Y obvio, han servido para que cada dos horas transiten por allí cinco, ocho y hasta diez biciusarios. Pero en puridad de verdad, estamos lejos, muy lejos de convertirnos en un modelo de ciudad a partir del uso de la cicla.

Y a todo eso hay que sumarle el abandono en el que se encuentran algunos tramos ya construidos, visiblemente deteriorados y maltrechos. De pronto ya remendados, pero con mal aspecto. Y en otros tramos su propia señalización es todo un jeroglífico. Eso mismo ya se advierte en lo que viene, a juzgar por las denuncias ciudadanas sobre el trazado de la ciclorruta de la calle 32 con carrera 30, que inicialmente fue construida por la calzada izquierda y la de ahora se construye por la derecha, una cuestión absolutamente inverosímil y que resulta hasta peligrosa para los propios ciclistas, así la administración se empeñe en ofrecer explicaciones técnicas para nada convincentes.

La ciudad está rota, y no solo porque están rompiendo las calles para hacer más ciclocarriles. Está rota también en materia de seguridad, por la desbordada criminalidad ante el atraco callejero y el sicariato a la orden del día. Y está rota su economía, por la pérdida de los empleos, las quiebras y las bancarrotas que a su paso está dejando la pandemia. ¡Sombrío panorama!

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