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Miguel Angel Pedraza
Sábado 10 de febrero de 2024 - 12:00 PM

La defensa descansa en paz

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De forma absolutamente inesperada y repentina, hace dos semanas nos abandonó el reconocido abogado santandereano Daniel Caicedo Guerrero, con quien compartimos, además de discusiones jurídicas, una honesta y valiosa amistad por algo más de 30 años.

Un infarto fulminante paralizó su corazón y hasta ahí llegó la historia de un licenciado de causas poderosas, a tal punto que él mismo volvió famosa su frase “la defensa no descansa”, para significar ante todos que siempre estaba atento y dispuesto a asumir la representación jurídica de sus clientes en donde fuera, especialmente en condición de defensor.

En sus últimas salidas procesales se volvió famoso en medios y redes, precisamente por conducir defensas de personajes reconocidos. Sin embargo, más allá de sus representados, lo importante era su entrega profesional y la preparación de sus debates, algo que Caicedo acentuó con el paso del tiempo, amparado en un juicioso estudio de la jurisprudencia nacional sobre el proceso penal acusatorio. ¡Me consta!

Metido de lleno en las andanzas del litigio penal y administrativo, terminó siendo miembro de la “Fundación Defensa de Inocentes”, en donde descolló con responsabilidad cada vez que fue llamado a actuar como jurista.

Sus años finales también lo mostraron como columnista en páginas vecinas, opinando particularmente de temas jurídicos y tratando de explicar en términos elementales distintos sucesos de la vida judicial del país. Le rogué varias veces que escribiera sobre temas regionales o de nuestra ciudad, pero prefirió quedarse en lo jurídico. Aunque en una cuenta de opinión denominada “Veedor 12”, logró reconocimiento y tuvo la oportunidad de referirse a sucesos locales. Y a decir verdad, no le fue nada mal como opinador en redes.

No siempre coincidimos en nuestras opiniones, por momentos estuvimos en orillas opuestas, pero eso nunca fue motivo de distanciamiento o discordia. Porque precisamente algo que caracterizó a Daniel fue su bonhomía, la aceptación de las diferencias y sus buenas maneras. Era un hombre amable y cordial, y en eso creo que coincidimos todos sus colegas.

Se nos fue Daniel Caicedo, muy sin avisar. No todos saben el dolor que causa su partida, pero sí saben que deja un hondo vacío en su profesión jurídica, esa que vivió con pasión y figuración en sus últimos años, aprovechando toda ocasión para recordarnos que “la defensa no descansa”.

Hoy, “la defensa descansa en paz”. ¡In memoriam!

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