viernes 10 de agosto de 2018 - 12:01 AM

¿No era una ley para “Otoniel”?

Desde que se conoció la existencia del proyecto para construir un Parque Temático Ambiental en la comuna Tres las opiniones de la comunidad estuvieron divididas a favor y en contra.

Preocupa, y bastante, la ley de sometimiento a la justicia de las organizaciones criminales sancionada el pasado mes de julio por la Presidencia de la República. Aunque el propósito es la sujeción, desintegración y el desarme de esos grupos, la ley no deja de ser ambigua y además reformatoria, otra vez, del procedimiento penal colombiano.

La nueva normatividad va dirigida a las “organizaciones criminales”, diferenciadas como “Grupos Armados Organizados” (GAO) y “Grupos Delictivos Organizados” (GDO). Los primeros tienen estructura, control territorial y poder militar, mientras que los segundos se integran por tres o más personas que actúan durante cierto tiempo para cometer delitos graves y obtener, directa o indirectamente, un beneficio económico. ¿Entendieron?

No es necesario entender, porque en realidad la ley fue inspirada por el Gobierno para someter al “Clan del Golfo” liderado por alias “Otoniel”, cuya influencia criminal se ha extendido en buena parte del territorio con acciones armadas que constantemente ponen en jaque a las autoridades. Y como ese grupo no ha podido ser desarticulado ni todos sus cabecillas capturados, pues la ley se convierte en un aliciente para que abandonen el delito a cambio de beneficios judiciales.

Recuerda uno esas épocas donde se expedían leyes y decretos a la medida de Pablo Escobar o los carteles del narcotráfico, porque el Gobierno estaba perdiendo la guerra contra esas organizaciones criminales. Desde entonces eso se ubica en el llamado “derecho penal premial” y eso forma parte, también, de los costos de la paz.

Pero el asunto es más hondo con esta nueva ley, pues en el concepto de “Grupos Delictivos Organizados” (GDO) pueden tener cabida toda clase de bandas criminales, las de apartamenteros, las de grandes lavadores, las bandas de las “fronteras invisibles”, pero también los carteles dedicados a la corrupción. Estos últimos que no actúan armados, claro está, pero que causan el peor desangre al patrimonio del Estado y generan pobreza y desigualdad.

¡Cuidado!, que por ahí se puede colar la corrupción en plena época de la consulta anticorrupción. ¡Mucho cuidado!

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