martes 22 de enero de 2019 - 12:00 AM

La muerte, para siempre...

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Para morir solo se necesita una cosa: estar vivo. Y es que la muerte nos sorprende y nos ataca de maneras tan diferentes: tristes, bizarras, bonitas, tranquilas, trágicas. Como la afrontemos hace la diferencia. No es culpa del muerto, sino de los vivos. Y repito hay muertes más trágicas que otras.

Somos una cultura que le teme a dejar, a abandonar, a morir. A nosotros, nos educan con el termino: ‘para siempre... y eso nos hace mucho daño. Porque nos aferramos a miles de cosas que no nos hacen crecer, ni ser felices, pero se nos vuelve un objetivo de vida. Morir es dejar ir. Es un acto de amor increíble.

Para no ir tan lejos a la cultura de oriente, que siempre es el referente, podemos ir a México. Donde hay un día para celebrar a sus muertos, para no olvidarlos, para hacerles una fiesta en su honor. Y es que cada momento con la persona que quisimos fue un regalo. Si nos hizo tan tristes su partida, de alguna manera es porque pudimos amarlas profundamente.

El abuelo de una gran amiga se murió, y aunque hubo lágrimas, también hubo música, brindis y sonrisa, porque agradecen los 93 años que lo gozaron. Algunas muertes no son fáciles. Dejar a alguien una noche, despedirse, para al otro día estarlo enterrando no es chévere. No es bonito. Pero es así.

Tengo un primo que nos dejó en diciembre. Así, el 27 se levantó sintiéndose mal, fue a ver a la doctora y ella, seguro afanada, no le preguntó nada y al ratico le estaba dando un infarto. Si, 57 años. Guapo, divertido, generoso, amable, siempre con una sonrisa para todos y se fue. Pero no voy a hablar del mal servicio médico. Voy a hablar de la fortaleza de su hija. Yo a pocas personas he visto tan fuertes. No tiene más de 30 años y asumió la pérdida del amor de su vida con una entereza que abruma. Heredó de su papá la buena energía. Generalmente donde está ella se pasa bueno. Está triste, obviamente, pero no echada a la pena. Se levanta y vive. Se levanta y sueña. Llora pero sonríe. Y me hizo pensar que siempre la mejor manera de honrar a las personas que queremos es que ellos donde estén nos vean felices. Sientan que su amor y dedicación valió la pena.

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