martes 05 de marzo de 2019 - 12:00 AM

Maquiavélicos

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Todos absolutamente todos tenemos algo de manipuladores. No hay una persona que alguna vez no haya usado las lecciones de Maquiavelo para lograr sus objetivos. Yo personalmente creo que a pesar de su mala fama hizo aportes importantes en sus apreciaciones sobre el manejo del poder. Pero no es el asunto del que quiero hablar. Porque como muchos que han hablado de temas difíciles, son de amores y odios.

Yo quiero hablar de esa virtud o defecto según como lo manejemos llamada Manipulación o Persuasión. Desde que nacemos nos volvemos manipuladores. Cuando somos niños hacemos pataletas para lograr lo que queremos y los papás ceden con tal de evitar ese bochinche. Y desde ese momento entendemos que incomodando o tocando ciertas fibras podemos lograr nuestros objetivos.

Después empezamos a perfeccionar nuestro arte en lograr lo que queremos. El problema es cuando pasamos por encima de los demás o cuando por medio de mentiras y engaños lo logramos. Pero no me nieguen que a veces hemos hecho hasta un libreto mental para seducir de tal manera y poder lograr lo que queremos. No lo llamemos manipulación, sino persuasión, seducción, fascinación. Hay gente que tiene ese encanto con la palabra o con la actitud: convencen de una. Por eso es que hay gente que vende un pedazo de carne a los vegetarianos. Yo personalmente los envidio, no se si es envidia buena o mala, pero me encantaría tener esas aptitudes. Solo que eso nos hace también más desconfiados. No sabemos cuándo detrás de algún mensaje hay un interés oscuro, no sabemos si tanta belleza es cierta o más aún si de verdad están pensando en nuestros intereses comunes o solo en los propios. Pero si lo que queremos es bueno y nos va a ser felices, viva esta ‘manipulación’.

Chévere dejarnos llevar de vez en cuando por alguien que quiere sacar provecho de nosotros y de esta manera pasamos de ser manipulados a seducir. El que tiene la información tiene el poder, dicen por ahí. Pasa en las novelas y en la vida real. Mejor saber en qué terreno estamos parados para saber si lo que nos proponen son buenos caminos o mejor nos quedamos quieticos.

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