martes 12 de marzo de 2019 - 12:00 AM

Un aplauso a las mujeres

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Pasó el día de la mujer lleno de lugares y palabras comunes: flores, memes e imágenes que en vez de hacer alusión a la fecha, lo que hacen es quitarle importancia. A mí personalmente no me gustaba mucho, pero yendo más allá de las “guerreras”, “empoderadas”, “únicas” y “admiradas” mujeres, le ha aprendido a ver su lado amable: el ruido del día de la mujer, como las campañas de prevención, a alguien le deben caer. Por un mensaje que le llegue a un hombre o a una mujer por igualdad de derechos, bien vale la pena.

Yo espero que esas empresas que gastan plata contratando influenciadores o pautando, tengan trato igualitario y justo en sus nóminas. Tengo fe, que antes que aceptar un contrato hablando de sus marcas, ellas y ellos, indaguen sobre la empresa y sus condiciones laborales femeninas.

Pero el homenaje es para las que nos abrieron el camino, no solo en el mundo sino en Colombia: la primera mujer que entró a la Universidad, Gerda Weterndop Restrepo; la primera canciller, Noemí Sanín; la primera fiscal, Vivian Morales; la primera árbitro: Martha Liliana Toro; la primera mujer que denunció un maltrato físico o sicológico, la primera que se separó, la primera que usó minifalda o primer pantalón... Hay tantas primeras y de primera en todo, pero tan pocas en la realidad. No más hay que fijarse en que muchas de aquellas que nos abrieron el camino, lo hicieron en este siglo. Se necesitaron más de 40 años para que, después que una mujer votara en 1957, tuviéramos la primera presidenta del Senado, Claudia Blum en 2005. Por ejemplo, me enteré que la primera mujer nombrada como presidenta de la Corte Suprema de Justicia, es santandereana, y fue solo en el 2013, hace apenas cinco años, que Ruth Marina Díaz Rueda ocupó ese cargo.

Aplaudo también a la mujer exitosa que decidió quedarse en el hogar con sus hijos, a la que decidió que su cargo de ejecutiva no la hacía feliz y se volvió profesora de yoga o chef, y a la que demandó a un hombre por irresponsable con sus hijos. A esas mujeres para las que su felicidad, valores y derechos son innegociables: ¡Aplausos de pie!.

Valientes estas mujeres que nos abrieron las puertas. Pero querido hombres y mujeres, tenemos la responsabilidad gigante de seguir su legado, para ponernos de igual a igual como seres humanos, para no maltratarnos, para respetarnos. Como nos muestra la historia, el camino ha sido duro, lento y de mínimos resultados.

Un punto para aclarar:no queremos ser iguales a los hombres. Nos sentimos felices de nuestras diferencias.

Por esas mujeres, por sus hijas, mamás, hermanas, amigas, empleadas, socias, primas, enemigas, trabajadoras o soñadoras, por ellas, ¡a seguir dándola toda!.

Llegará el día que este día sea de verdad una verdadera celebración: oportunidades y trato igualitario para hombres y mujeres.

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