martes 05 de febrero de 2019 - 12:00 AM

Vulnerables, muy vulnerables

Escuchar este artículo

Desde que nacemos estamos sometidos a situaciones que nos “desnudan” con ropa, y nos hacen sentir tan vulnerables que cuando salimos invictos, nos sentimos, como deben sentirse (valga la redundancia) los atletas cuando llegan a la meta.

La palabra vulnerable se utiliza como adjetivo para hacer referencia a una persona o cosa que puede ser dañado o recibir lesiones, bien sea físicas o morales. La palabra vulnerable es de origen latín “vulnerabilis”, formada por ‘vulnus’ que significa herida, y el sufijo ‘-abilis’ que expresa posibilidad, por lo tanto: es la posibilidad de ser herido.

Todos vivimos como en guerra, huyendo de personas, noticias y situaciones que nos puedan herir. Unas heridas son leves y otras de muerte, esas de las que nos cuesta trabajo curarnos.

Esta semana viví una situación que me llevó a pensar en cuántas veces tenemos esas escenas en nuestra vida. Nacemos, y nos recibe un desconocido que tiene que decir si estamos perfectos o no, incluso muchos nos verán con amor y a otros les pareceremos un bebé de esos que asustan. No contentos entramos al jardín que nuestros papás escogen, para “aprender y hacer amigos” sin que nadie sepa cuáles amigos queremos tener. Y allá nos tiran.

Qué me dicen del día que nos conoce la suegra. Es el momento donde sentimos que nos escanean con más detalle en la vida. Podemos con una palabra ser la princesa de su hijo o la bruja malvada que llegó a quitarle su tesorito. Cuando pasamos por los oficiales de migración de un país, ellos hacen con nosotros lo que quieren. Siempre me lleno de nervios, así no deba nada, porque dependo de su poder para entrar al país que visito.

¿Cómo prepararnos? ¿Cómo no ser tan vulnerables ante el poder y ponernos a su nivel? ¿O es parte de la vida vivir así y sentirnos siempre en el ojo del huracán? Muchas veces me he sentido vulnerable, herida, dañada. Cuando abro mi corazón sufro el temor de que pueda haber alguien dispuesto a hacerme sentir mal o recordarme lo equivocada que vivo. Una persona que con su actitud o su dedo me señalen y me lastimen. Por eso muchas veces nos volvemos duras. Pero también he encontrado quién me quiera con todos mis errores y mis aciertos. La compasión, de la buena, es el mejor antídoto para combatir este mal que nos ataca todos los días.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
Otras columnas
Comentarios
Comente con Facebook
Vanguardia no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios que aquí se publican son responsabilidad del usuario que los ha escrito. Vanguardia se reserva el derecho de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje soez, que ataquen a otras personas o sean publicidad de cualquier tipo.
Publicidad
Publicidad
Publicidad