Publicado por: Movimiento Cívico Conciencia Ciudadana
La minería subterránea rompe el subsuelo y los acuíferos de recarga alterando las dinámicas de aguas superficiales y subterráneas. En sus actividades de exploración y explotación retiran mediante bombeo el agua que les “incomoda”; estas aguas subterráneas provienen de partes altas, que se escurren hacia el interior de los túneles.
Al perforar la montaña producen la alteración de su química al entrar los suelos en contacto con el oxígeno. Los minerales sulfurosos presentes en las rocas desprenden ácido sulfhídrico y sulfúrico originando las aguas acidas (de bajos pH) que degradan severamente la calidad del agua, haciéndola prácticamente inservible.
De otra parte, los metales pesados como el arsénico, cobalto, cobre, cadmio, plomo, plata y el zinc contenidos en las rocas de excavación, se lixiviarán, es decir, se disolverán en las aguas ácidas dificultando su remoción. Aguas ácidas y metales pesados ruedan aguas abajo empujados por la fuerza de gravedad y la presión hidrostática hasta encontrar las corrientes subterráneas que fluyen entre las formaciones rocosas hasta alcanzar las corrientes de pequeños nacimientos, quebradas y lagunas, contaminando todo a su paso.
La cobertura vegetal de Santurbán ya está siendo afectada como resultado del hundimiento de los niveles freáticos. Al alterarse la humedad de los suelos del páramo, los microorganismos que viven en la “tierra negra” morirán irremediablemente, alterando las diferentes formas de vida en la montaña. Al daño tras la perforación de kilómetros de túneles y galerías se suman riesgos latentes durante el proceso de “beneficio”.
El cianuro empleado en el proceso de separación del oro o plata de la roca triturada, se derrama, gotea o se traslada al cuerpo de agua más cercano. El cianuro quedará para siempre en las escombreras donde cual bomba de tiempo, esperará un sismo o un gran aguacero para desbordarse o romper las frágiles membranas que lo contienen y así entrar en las corrientes subterráneas. En ese momento, ya no habrá nada qué hacer.










