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Movimiento Cívico Conciencia Ciudadana
Jueves 04 de abril de 2013 - 12:00 AM

La fiebre del oro

Publicado por: Movimiento Cívico Conciencia Ciudadana

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Muchos nativos de la América descubierta, identificando la avidez que los europeos demostraban por el dorado metal, inventaron múltiples “Dorados”, eso sí, precaviendo siempre ubicarlos en tierra extraña y lejana, para sacarse de encima a tan virulentos visitantes, es decir, “con su fiebre para otra parte”.

Así sucedió con Alfinger, Lebrija, Quesada, Federman, Pizarro, Belalcázar y un tropel de mal llamados conquistadores, que si bien encontraron oro en cantidades hoy inimaginables, nunca les fue suficiente; cegados por su codicia, jamás verían el Gran Dorado inventado por sus mentes enfermizas.

Esta fiebre del oro se extendió a todo el continente americano, aunque podríamos mencionar algunos ejemplos ya emblemáticos; el Indio Dorado de Guatavita, que al parecer obtenía su oro de la región guanentina; el Río de Oro en San Juan de Girón, que generó en un solo año más de mil patacones de oro, aunque exterminó casi en su totalidad la población aborigen con la explotación y las enfermedades; y el dorado de California, imaginado por el hallazgo de unas pepitas en el arroyo Sutter’s Creek, y que generó la conquista desaforada del “oeste” americano, es decir, el exterminio de todo lo que allí existía.

Hoy otra California está en peligro con la fiebre del oro, y más aún, una región entera; sus síntomas: marchas y antimarchas, licencias con o sin razón, empresas con o sin aval, exploraciones o explotaciones, aguas con mercurio y cianuro, con o sin declaraciones de parque natural, con cota alta o cota baja, a cielo abierto o no, con o sin locomotora, etc., etc.; pero absolutamente todo, fruto de una enfermedad que enceguece y no da puntada sin dedal, una fiebre amarilla que terminará por destruir la armonía y calidez de los santandereanos, su confianza y reciedumbre, su lucha por las causas justas, dejando un paisaje desolado, un pueblo fantasma bebiendo el agua de su propia desdicha.

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