jueves 04 de julio de 2019 - 12:00 AM

Campaña electoral con nuevas ciudadanías

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Vivimos una crisis de sociedad donde la visión compartida de nación, de región y de ciudad se ha desvanecido y carece de consensos mayoritarios; el individualismo y su ambición de lucro fue el espejismo que ahogó al proyecto colectivo de sociedad amordazando el sentido de pertenencia a cualquier forma de colectividad.

Sin reforma política democrática y sin nueva ley electoral, Santander y el país se aprestan a participar en una campaña electoral en medio de escándalos y denuncias de corrupción sin depuración de las prácticas corruptas.

Los dueños de la política pública en el contexto regional, son grupos privados, en su mayoría cazadores del presupuesto, el botín que persiguen para engrasar maquinarias, contratos de sus amigos, compra de votos y conciencias. La cohesión social y la unidad programática en las distintas fuerzas política se diluyeron; se pretende imponer el dinero, los negocios, el nepotismo y las clientelas de favores como el mecanismo para conquistar el poder público y eso es inaceptable.

Esta situación demuestra cómo se acabaron los partidos políticos y se generalizó el mecanismo de movimientos significativo de ciudadanos inscritos por firmas, los cuales siendo coyunturales, no le rinden cuentas a nadie, son controlados por sus financiadores particulares y no están comprometidos con estructurar un proceso de desarrollo territorial, económico y cultural y social para beneficio de todos sus ciudadanos y ciudadanas. Los sectores de oposición tampoco muestran nuevos liderazgos, salvo individualidades sin mayor respaldo, muestran ausencia de unidad programática.

Causa preocupación la permanente ausencia de la Contraloría General de la República, la Procuraduría General de la Nación y Fiscalía, sobre numerosos casos de corrupción en entidades territoriales e institutos descentralizados; guardan silencio mientras la ciudadanía impávida contempla el cuadro creciente de corrupción en impunidad reinante.

El voto del poder ciudadano no debe renunciar a los espacios de participación democrática y menos al poder de su voto para elegir un buen gobierno alternativo en el municipio y departamento donde vive, donde trabaja y tiene su proyecto de vida.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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