jueves 18 de julio de 2019 - 12:00 AM

El principio del fín.

Todos los días aprendemos que la política ya no persigue el bien común, sino que se ha venido convirtiendo en el instrumento para saquear el erario público. Para las próximas elecciones, el botín está en las Gobernaciones, Alcaldías, las empresas públicas y del Estado. La corrupción hoy se roba más de 50 billones de pesos anuales, sin que haya posibilidades de detener esa macabra telaraña que corroe los cimientos de la democracia en nuestro país. A esta situación se le adhiere el engendro de la mentira, que genera violencia y niega la verdad. Todo, en su conjunto parece un cuento de terror, donde la codicia y la muerte son sus protagonistas.

En éste contexto sobreviven a pesar de las circunstancias, gente buena, que piensa en su país y en su futuro. Son millones de personas que creen en sus sueños, que ven en otras opciones alternativas, la esperanza de un mañana distinto y en paz. Pero hoy cuando se dan las posibilidades de encontrarnos, de atrevernos a pensar juntos frente a las dificultades y las oportunidades y buscar acuerdos que hagan posible una transformación política con una propuesta que interprete los intereses de la comunidad, desafortunadamente éstos no se dan en la escogencia de un candidato alternativo para la Alcaldía.

Primaron los intereses personales. Mientras tanto los capos de esa red siniestra de corrupción que tanto denuncia Oscar Jahir Hernández, como columnista de Vanguardia, se preparan para el asalto final. No tuvieron los alternativos la generosidad ni la grandeza para entender la necesidad que la ciudadanía tiene para lograr recuperar su dignidad y abalar un proyecto que promueva una sociedad que sea capaz de pensar en “nosotros” y lograr la unidad en medio de la diversidad; que busque empoderar a los ciudadanos frente al desafío que tenemos por construir una región incluyente y equitativa, con sentido de pertenencia y consciente de la defensa del agua y la vida como prioridad misma de la existencia.

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