jueves 19 de diciembre de 2019 - 12:00 AM

La navidad de la cacerola

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La época navideña festeja la unión familiar, aviva los sueños y los deseos por un mundo de paz y bienestar para todos. Es la celebración del encuentro; los regalos expresan los afectos entre los seres humanos, una comunidad que sueña un futuro mejor.

Sin embargo vivimos un panorama político y económico sombrío, grandes movilizaciones sociales avanzan inconformes con propuestas de reformas democráticas e institucionales. Hay una realidad social incuestionable, donde los ingresos son angustiantes para miles de familias con crecientes necesidades del diario vivir; un mundo laboral de incertidumbre y bajos ingresos, en medio del consumismo que impone el mercado a través de intensas campañas publicitarias.

Destacados investigadores de la macroeconomía nos advierte que estamos viviendo una profunda crisis global del neoliberalismo que demanda cambios estructurales al modelo de acumulación, agotado en su fracaso de ofrecer felicidad y de irrigar riqueza y empleo a los más necesitados. Colombia entera reclama al Estado y al Presidente Duque, un dialogo social pluralista y democrático, una concertación de cambios y reformas de fondo en las políticas públicas que ofrezca garantías para el goce de derechos y deberes, sin corrupción, ni violencias, recuperar la majestad de la justicia con poderes públicos honestos y con la eficacia de auténticos órganos de control ciudadano.

Los escandalosos datos y la urgencia de reformas democráticas no pueden ser más preocupantes, según el reciente estudio de Luis Jorge garay y Jorge Espitia: “La dinámica de las desigualdades en Colombia 2019, es la siguiente: el 0,25% de las fincas tienen el 74% del total de la tierra del país. Unas 3.000 personas concentran el 44% del ingreso bruto nacional. Las 500 empresas más grandes de Colombia concentran el 81% de los patrimonios declarados. Y el 1% de las personas jurídicas aportan cerca del 70% del valor total de impuestos.”

La desigualdad creciente es intolerable, como lo es su afán de depredación ambiental, violencia y poder sin control. Vivimos un cacerolazo que hace historia, ojalá el gobierno escuche la voz del pueblo.

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