jueves 02 de julio de 2020 - 12:00 AM

Los fundamentalistas de los antivalores en Santurbán

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Desde el 2010 he sostenido que el conflicto ambiental-minero en Santurbán tiene un gran trasfondo: los principios y valores morales y éticos.

Uno de los síntomas de una sociedad gravemente enferma es el temor ciudadano a decir la verdad por temor a represalias que incluyen su integridad física, y hasta el sacrificio de la vida; unos pocos nos atrevimos a hablar desde el principio.

En Santurbán hay dos posiciones: primera, los que defendemos la salud, la vida y el bienestar de nuestros hijos y, segunda, los que hacen la apología de la avaricia, la codicia desenfrenada que le apuesta al todo por el dinero, el individualismo, y la clasificación ciudadana según su conveniencia; estos últimos nos estigmatizan a los primeros como ambientalistas fundamentalistas, sin darse cuenta que representan los fundamentalistas de los antivalores; participan muchas veces de actividades cristianas como un simple apéndice de su vida social.

Los fundamentalistas antivalores defienden a ultranza su individualismo: la prosperidad de unos pocos justifica pisotear los derechos colectivos, obnubilados con el oro de Santurbán como los israelitas bíblicos que fundían e idolatraban becerros de oro.

Aunque fungen de “ambientalistas y transparentes”, afirman que los proyectos mineros en Santurbán traerán recursos “frescos” para la región, cuando en realidad muchos esperan recursos frescos para sus bolsillos, como lobistas o por negocios conexos mineros, sin importarles las desgracias venideras para los demás; además, su nivel de estudio solo les alcanza para seguir los guiones de los intereses mineros, cuando todos sabemos el desastre que ellos traerían consigo. El que aprovechen los espacios de opinión para alabar proyectos mineros en beneficio propio refleja su ausencia de ética.

Lamentable que diez años después sigan la posición del negociante que afirmó, en 2011, sin ningún temor de Dios, que Bucaramanga se podría quedar sin agua, por el proyecto minero del momento, pero que no podía dejar de embolsillarse una cuantiosa suma de dinero, y que al fin de cuentas, sus hijos ya no residían aquí.

Dios permita el cambio de los fundamentalistas antivalores para que no sigan adorando y añorando becerros de oro, en grave detrimento del agua de nuestros hijos.

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