jueves 14 de noviembre de 2019 - 12:00 AM

Protesta social y economía política

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Pasaron las elecciones territoriales y sus resultados presentan un inobjetable cambio positivo con más democracia para la sociedad colombiana. También se conocieron resultados del mercado laboral; estos dos resultados parecen correlacionarse: mientras el desempleo sigue subiendo, el presidente Duque y su partido cae en los indicadores de aceptación y mal librado de las elecciones.

Los resultados electorales pueden entenderse como el reflejo de la frustración política que no encuentra respuesta en las expectativas esperadas. El gobierno y su partido fue el gran perdedor. Allí donde obtuvo las mayores votaciones para las elecciones de plebiscito y de presidencia, también fue donde se eligieron fuerzas políticas diferentes, amigas de la paz y la apertura democrática.

En tales condiciones el Gobierno Duque con su partido de gobierno, pretende imponer una reforma laboral que afecta el derecho a la pensión, eliminar derechos laborales, niega reconocimientos laborales extras, pagarles el 75% de un salario mínimo a los jóvenes hasta los 25 años. La reforma laboral puede convertirse en conflicto mayor por el descontento y su impacto.

Estas duras realidades obedecen principalmente a un clima de inestabilidad económica global, cuyo origen lo señala el Banco Mundial al registrar una economía a la baja de la demanda de productos básicos y su receta de nuevas reformas legislativas draconianas.

El Paro Nacional que se programa para el 21 de noviembre convocado por las centrales obreras y más de 100 movimientos sociales, consideran que es una respuesta a “la errática política económica de estos gobiernos, lo cual implica recortes en los gastos del Estado para atender necesidades de educación y salud, entre otras”.

Puede ser un momento de oportunidad positiva para un viraje estratégico en la economía, implementar verdaderas innovaciones de política económica y social, buscar consensos y concertaciones más democráticas de conveniencia para el país y sus regiones

Retomar pacíficamente el cumplimiento de los acuerdos de Paz ante el inaceptable recrudecimiento de la violencia expresada en un genocidio indígena y la muerte de cientos de líderes y lideresas, es una obligación ética y política.

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