jueves 09 de abril de 2020 - 12:00 AM

Sociedad del riesgo. Hacia una nueva modernidad.

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Este concepto fue acuñado por Ulrich Bek desde 1986 en su libro Sociedad del riesgo. Nos llama a observar críticamente la sociedad actual con todos los cambios generados en las últimas décadas en la sociedad global, sometida a permanentes y profundos cambios por la avaricia de la acumulación; muestra un horizonte de nuevos paradigmas en el que “las personas crean formas sociales y políticas nuevas e inesperadas. ...Todos están de acuerdo en que en las épocas venideras nos enfrentaremos a profundas contradicciones y paradojas desconcertantes y en que experimentaremos esperanzas envueltas en desesperación”.

Pensadores como Anthony Giddens explica que el riesgo es todo hecho perjudicial posible, susceptible de interrumpir el curso normal o incluso de alterar brutalmente y de una manera imprevista un estado de cosas. Los riesgos globales cobran primordial importancia frente a una catástrofe nuclear o ecológica típica de la nueva situación en cabeza de los poderes multinacionales. Los riesgos son mucho más globales, imprevisibles y afectan a toda la humanidad.

Este autor Bek, advierte que “los riesgos de relevancia medio ambiental que se desarrollan en la actual sociedad se caracterizan por su capacidad de producir daños que afectan al destino biológico de los seres humanos en un espacio global en el que no cabe distinción entre afectados y no afectados y en un ámbito temporal que puede comportar efectos a largo alcance”. Es el retorno a la incertidumbre de la sociedad, también es oportunidad para reinventar nuevos estructurantes de sociedad y humanidad.

En tiempos de coronavirus y destrucción ambiental es urgente un viraje estratégico que permita recuperar la confianza en la ciencia para la vida, frente a los poderes que han provocado la amenaza de destrucción contra la especie humana y el planeta mismo.

Las respuestas no pueden ser solo de responsabilidad Estatal, empezando por el principio de precaución, promovido como cultura y norma obligatoria en los casos de riesgo para la salud pública y medio ambiente. La respuesta no puede ser otra que la aplicación del principio de precaución.

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