jueves 01 de noviembre de 2018 - 12:01 AM

El lapicero de Emiro José Castro Meza

La Vicepresidenta de este país cometió dos errores que los santandereanos jamás le van a perdonar. El primero de ellos, haber ayudado a Héctor Mantilla para que llegara a la alcaldía de Floridablanca, quien gracias a sus desaciertos ha logrado que el municipio nuevamente sea identificado como un foco de corrupción en el país. Y el segundo, haber creído que la municipalidad era una casa de empeño donde podía dejar al cuidado de su ahijado tres de sus más queridas joyas, como lo son el investigado Juan Carlos Ostos Guevara, padre del viceministro de transporte; Fanny Mercedes Castro Meza y su hijo Emiro José, quien comparte su estancia por estas tierras con Harbis Luis Gutiérrez Estrada, contratista de la nefasta Oficina de Planeación Municipal.

El joven Emiro, al que Marta Lucía Ramírez desconoce en su faceta de tiranía, al parecer llegó un día a la Secretaría del Interior para reclamar a gritos la elaboración del contrato de su señora madre, quien curiosamente presenta sus cuentas mes a mes sin que nadie la vea por el palacio municipal, excepto Francisco Javier González Gamboa en su calidad de supervisor.

De ahí que la Fiscalía General de la Nación debería aprestarse prontamente a realizar una prueba grafológica de todos los contratos, cuentas de cobro, informes de actividades, actas de inicio y terminación que se hayan suscrito por la señora Castro Meza, y poder salir de la duda que surge en la alcaldía cuando varios contratistas manifiestan que muchas de esas firmas se hicieron con el lapicero de su hijo en una oficina del edificio Concasa, con la anuencia del abogado Andrés Felipe Monsalve Carvajal, que es el primero al que deberían buscar para que cuente la verdad.

La ausencia de esta contratista es tan evidente, que el jefe de la oficina de contratación Mario Barragán Pachón, sin ningún asomo de vergüenza, suscribió el contrato 319 de 2016 sin la firma de la contratista. Por cosas como estas es que el gobierno de Héctor Mantilla, al igual que el hospital, se está cayendo a pedazos.

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