jueves 24 de enero de 2019 - 12:00 AM

Los extraños negocios de Daniela Mecón Millán

El día 29 de enero de 2019, la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez estará en la ciudad de Cartagena participando en un foro organizado por la ‘Revista Semana’, el cual tendrá como tema principal la búsqueda de soluciones para combatir la corrupción en el sector público. Lo que resultará contradictorio de esa intervención es que el círculo de jóvenes conservadores de la entera confianza de la funcionaria encargada por el presidente Duque para combatir este flagelo están involucrados en negocios que podrían direccionar indebidamente las decisiones administrativas de un alcalde que, como Héctor Mantilla, ha demostrado con creces que no es el mejor ejemplo de pulcritud que su madrina de matrimonio podría exponerle al público. Gracias al éxito económico progresivo desde la llegada de su esposo al poder, Daniela Mecón compró para el año 2018 un apartamento en el edificio Oporto 93 de la ciudad de Bogotá, por valor de $417 millones, el cual hoy se encuentra hipotecado a nombre de Juan Camilo Ostos Romero, viceministro de Transporte e hijo del secretario de educación municipal, y de Gerson Daniel París Gómez, asesor vicepresidencial para las regiones, quienes en conjunto con Emiro José Castro (el saco de boxeo del tío nacho), conformaron el comité promotor de la candidatura presidencial de Marta Lucía en el año 2013, con lo cual la independencia del mandatario queda a merced de las deudas de su esposa, situación que se se agrava aún más cuando se conoce que días antes de la aprobación del POT, esta jovencita le hipotecó una casa adquirida en el año 2017 a Hilda Ximena Escobar, una UTL de la representante Nubia López, y a Fernando Vanegas Carvajal, contratista de la administración de Mantilla y hermano del Curador Primero del municipio, quien tuvo a Daniela en su despacho durante un año sin que sepamos aún cuales eran sus funciones allí adentro. Lo que sucede en Floridablanca requiere de un pronunciamiento serio por parte de la Vicepresidenta, porque gracias a las actuaciones de sus niños, su discurso anticorrupción se volvió un cantico al cinismo. Próxima columna: Una incómoda familia de apellido Mecón.

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