miércoles 02 de diciembre de 2020 - 12:00 AM

El futuro de trabajo remoto

Se espera entonces que en muy poco tiempo el 20% de la fuerza laboral trabaje desde casa y que además se establezcan mezclas entre presencialidad y virtualidad
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Columna de
Óscar Rey Vesga

Expertos del McKinsey Global Institute, en un documento publicado la semana pasada, consideran que los modelos de trabajo híbrido se mantendrán, especialmente para trabajos bien remunerados con alto perfil profesional. Se espera que el 20% de la fuerza laboral pueda trabajar remotamente entre 3 y 5 días a la semana con la misma efectividad que presencial. Contrasta esto con que más de la mitad de los trabajadores no pueden trabajar remotamente, reciben menor remuneración y tienen riesgos de automatización de sus labores, pues dependen en gran medida del uso de equipos o maquinaria.

Sus conclusiones indican que la actualización de conocimientos tiene hasta un 91% de potencial de éxito, cifra que contrasta con una baja tasa en actividades similares como entrenamiento, enseñanza y coaching.

El reto está en cambiar drásticamente “medio y método” en que enseñamos. El sector de las finanzas y seguros tiene también alta ocurrencia de éxito (86%), en modalidad remota. Le siguen científicos, técnicos, tecnologías y telecomunicaciones, las actividades gerenciales y de negocios, con posibilidades entre el 70% y el 80% para ser exitosos. Como era de esperarse, los países desarrollados como Reino Unido, Alemania, Estados Unidos y otros, tienen mayor potencial para trabajar remoto, alrededor del 35%, mientras que economías emergentes, como la de México, pueden variar entre el 15% y el 25%.

Se espera entonces que en muy poco tiempo el 20% de la fuerza laboral trabaje desde casa y que además se establezcan mezclas entre presencialidad y virtualidad. Los beneficios de optar por esta forma de trabajo son muchos: mayor bienestar en empleados, menos viajes a la oficina, menores costos de operación e inclusive inversiones en infraestructura. También hay beneficios a nivel urbano, como menor huella de carbono, tráfico reducido y menos contaminación general.

Colombia, como economía emergente, no podrá cambiar sola, requerirá de esfuerzos mancomunados entre actores públicos y privados, empresarios que aprehendan sus beneficios, y así entender que este cambio radical vivido nos fortalecerá, quienes no lo hagan sufrirán las consecuencias de mantenerse en el pasado pensando que fue culpa de la pandemia.

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