miércoles 29 de enero de 2020 - 12:00 AM

Enseñar “esperanza” salvará la democracia

Concluye la encuesta que hay un mayor gusto por el autoritarismo y que la democracia es ahora “hiperpartidista” con visiones extremas e irreconciliables
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Columna de
Óscar Rey Vesga

Los ciudadanos de hoy no tenemos “esperanza”, por el contrario, cada vez somos más desconfiados, escépticos y pesimistas. Eso dice la encuesta “World Values Survey” diseñada por científicos sociales que se dedican a estudiar el cambio en los valores y cómo afecta esto la vida social y política de una sociedad. Concluye la encuesta que hay un mayor gusto por el autoritarismo y que la democracia es ahora “hiperpartidista” con visiones extremas e irreconciliables, lo que explicaría claramente lo que se vive hoy en Colombia y muchas otras partes del mundo.

El libro “Aprendiendo esperanza: reviviendo la democracia a través de nuestras escuelas y la sociedad civil” de Sarah Stitzlein, profesora de educación en la Universidad de Cincinnati, pareciera brindarnos una solución. Esperanza es actuar con convicción, no es esperar a que otros hagan, desde la comodidad de nuestros hogares. El concepto me llama la atención por divergir del llamado “grit”, acuñado por la profesora Angela Duckworth, que invita a actuar con pasión y perseverancia por lo que se hace sin dejarse vencer por la dificultad. Stitzlein considera que lo anterior es una característica personal e individualista que no se preocupa por mejorar la vida de otros, a cambiar su mundo, por el contrario, solo celebra triunfar en entornos hostiles.

La esperanza es, según su autora, un hábito que se puede cultivar y enriquecer no solo en lo personal sino en el colegio, universidad, trabajo y sociedad en general. Es a través de la educación en donde se puede aprender a ser críticos, a identificar los problemas a nuestro alrededor, a discutir con respeto, con hechos y datos, buscando soluciones concertadas lo que nos permitirá actuar determinadamente para construir una mejor sociedad. Cimentar un sistema de valores más equitativo, más inclusivo, menos violento y más respetuoso será necesario para convivir en este mundo veloz y cambiante. La democracia exige líderes políticos y sociales que recojan estas banderas y logren generar confianza en sus seguidores, solo así, la sociedad unida pueda actuar con convicción para cambiar nuestro mundo.

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