viernes 06 de octubre de 2023 - 12:00 AM

Óscar Rey Vesga

Líderes humildes intelectualmente

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Columna de
Óscar Rey Vesga

En distintas áreas de la vida, como la academia, los deportes, las relaciones sociales y por supuesto el trabajo, todos necesitamos confianza para triunfar. A lo largo de nuestro camino, nuestros padres, maestros, entrenadores, amigos y parejas, en su mejor intento, han buscado fortalecer nuestra seguridad en nosotros mismos. ¿Qué dirían si existen estudios, varios y de muy reconocidas universidades, que plantean que podemos beneficiarnos de una dosis más baja de confianza?

La humildad intelectual significar reconocer nuestras limitaciones, estar abiertos a aprender de otros, cuestionar nuestras propias creencias y estar dispuestos a cambiar de opinión cuando se presenta nueva evidencia. Esto, a su vez, nos permite aprender, aún con opiniones opuestas, lo que facilita discusiones constructivas y nos hace más sabios con el tiempo, promoviendo además la empatía y la apertura mental. Cuestionar nuestras opiniones, estar dispuestos a reconsiderarlas en función de nueva información y aceptar la posibilidad que nuestras creencias estén equivocadas son indicadores de humildad intelectual. Líderes del talante de Angela Merkel, Tim Cook y hasta Warren Buffett, identificados mundialmente por sus logros en distintas esferas, son vistos como líderes reconocidos por su humildad. ¿Somos humildes en temas como religión, sexualidad y política? Muchas veces somos radicales hasta con el deporte y por supuesto el trabajo.

Aunque Steve Jobs, reemplazado por Tim Cook en Apple, no era el más humilde y empático líder, decía que en las organizaciones fuertes ganaban las ideas, en aquellas débiles ganaba la política. Porque no soñar con un entorno liderado por aquellos que respetan al otro, que no pisotean, que no temen admitir un error, que celebran el logro de otro reconociendo sus propias limitaciones, que están dispuestos a evolucionar sus propias creencias. En este mundo tan diverso y también dividido, en lo social, político, religioso y empresarial, tendremos que retarnos a construir nuevos horizontes de desarrollo compartiendo inquietudes, conocimientos y resultados de nuestras acciones previas, explorando diversas fuentes de conocimiento y reflexionando sobre cómo hemos cambiado nuestras creencias, cultivando así un entorno donde la humildad intelectual florece y crecemos como sociedad.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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