miércoles 26 de febrero de 2020 - 12:00 AM

Uber, los otros y nosotros

cursa un proyecto de ley que exigirá a estas plataformas registrar el vehículo y su estado, conductor con seguridad social, póliza contra accidentes y, por supuesto, pagar impuestos.
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Columna de
Óscar Rey Vesga

Beat, DiDi, InDriver y Cabify tuvieron su temporada, me alegro por todos ellos y espero que crezcan pues los únicos ganadores seremos los usuarios. Hoy, muchos conductores que se quedaban sin oportunidades debido a la salida de Uber lograron seguir trabajando por cuenta de las nuevas plataformas. Buena suerte para todas, que gane la que preste el mejor servicio, compitiendo en la legalidad, las escogeré siempre antes que un taxi tradicional.

Con el regreso de Uber al país, cada viaje es ahora un “contrato de transporte”. A los servicios anteriores, ahora con nombre distinto, se le suma una póliza de seguros que incluye gastos médicos, accidentes y daños a terceros. Aunque no se han hecho esperar los abogados que ven cantidad de riesgos, como el de quién paga una eventual multa, el creativo modelo ya funciona en el país. Mientras esperamos el resultado de esta historia, cursa un proyecto de ley que exigirá a estas plataformas registrar el vehículo y su estado, conductor con seguridad social, póliza contra accidentes y, por supuesto, pagar impuestos. La conclusión es que sí se podía pensar en un modelo viable. Ojalá esta misma exigencia se transfiera a los vehículos golpeados, sin aire acondicionado, oliendo a gasolina y donde el respeto por pasajero, peatón o normas de tránsito sean la norma, no la excepción. Ojo, esto no es un ataque a los taxistas, es una invitación a repensar el servicio actual. Admiro cómo muchos de estos son trabajadores incansables, respetuosos y cordiales que solo buscan el sustento propio y para su familia, mi admiración para ellos.

Creo que de esta experiencia hay tres grandes retos para el gobierno. El primero, el control del espacio público con estos y otro tipo de propuestas destinadas a la movilidad; el tráfico creciente en las ciudades y cómo controlarlo, brindando más y mejores servicios a ciudadanos y; finalmente, la responsabilidad del gobierno en regular, a tiempo, la libre competencia, el empleo y el desarrollo de país. Bienvenidas las economías colaborativas y las plataformas de movilidad.

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