miércoles 11 de septiembre de 2019 - 12:00 AM

Vapear: ¡Probablemente no es tan buena idea!

recientes investigaciones parecieran indicar que vapear puede ser más peli-groso que lo pensado, aún más que fumar cigarrillos tradicionales
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Columna de
Óscar Rey Vesga

El tema no es menor, en los Estados Unidos se está urgiendo a usuarios de cigarrillos electrónicos a que consideren no utilizarlos. O por lo menos, hasta tanto no haya más investigación sobre muertes recientes relacionadas con el uso de estos nuevos dispositivos electrónicos, dicen la CDC y la FDA, organizaciones dedicadas al control de enfermedades y la administración de medicamentos respectivamente.

Para los que aún nos cuesta trabajo entender qué es todo esto, vapear es el acto de inhalar y exhalar “vapor” de un dispositivo electrónico. El aparato, que se puede parecer a un lápiz o cigarrillo tradicional, calienta un líquido y lo convierte en vapor. Este líquido puede tener distintos aromas, sabores, niveles de nicotina y hasta cannabis.

Los casos recientes de enfermos pulmonares, al parecer más de 200 solo en Estados Unidos, junto a recientes investigaciones parecieran indicar que vapear puede ser más peligroso que lo pensado, aún más que fumar cigarrillos tradicionales. Los cigarrillos electrónicos, que se crearon inicialmente para ayudar a dejar de fumar, abrieron las puertas a un mercado de consumidores más jóvenes, con la novedad de combinarlo con otro tipo de sustancias y bajo la premisa de un menor riesgo para la salud. Lo comprobado hasta la fecha es que mezclado con nicotina aumenta el riesgo cardiaco y respiratorio, sumado a que emiten partículas microscópicas y hasta metales que pueden depositarse en pulmones o ser absorbidos por el sistema circulatorio.

Muy lejos de ser experto en el tema o de entender sus reales riesgos médicos, recomiendo, ante la duda, dejar de consumirlos. Y esto aplica tanto para los adultos que los usan como gran novedad como para quienes se preocupan por las nuevas generaciones. Padres de familia, recuerden no permitir su consumo alrededor de menores, evitar visitar sitios en donde se permita su uso, garantizar que colegios y universidades tienen políticas que lo prohíben y finalmente, ser un ejemplo para los menores al no consumirlos, por lo menos, no frente a ellos. Que no digamos que nadie lo advirtió

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