miércoles 21 de octubre de 2020 - 12:00 AM

Vida en nuestro planeta: ruina y regeneración

Su mensaje es suficientemente poderoso y contundente: nuestra biodiversidad se acerca a la posibilidad de una extinción masiva, eje del documental.
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Columna de
Óscar Rey Vesga

Un planeta con glaciares, mares y selvas muriendo, al tiempo que seguimos disfrutando de los ecosistemas restantes y poniendo en riesgo el futuro de la humanidad. Esto es lo que podemos advertir en la nueva serie de Netflix “Una vida en nuestro planeta”.

Estoy lejos de considerarme un experto en producciones audiovisuales o medio ambiente, por lo que valorar el trabajo de su protagonista, David Attenborough, es muy difícil. Sin embargo, su mensaje es suficientemente poderoso y contundente: nuestra biodiversidad se acerca a la posibilidad de una extinción masiva, eje del documental. Pero al mismo tiempo, acompañado también de esperanza y extraordinarias imágenes de la belleza de nuestro planeta. Al final del entretenido documental, deja difíciles recomendaciones para detener el obvio deterioro de nuestro planeta buscando ser exitosos y felices en él nuevamente.

El uso de energía natural y renovable, junto a desinvertir en combustibles fósiles es su primer gran recomendación. Aunque las grandes compañías ya trabajan en esto, se requieren decisiones de gobierno para incentivarlo y volverlo norma. Cambiar nuestra dieta animal por una basada principalmente en plantas le sigue. El director ve un futuro en agricultura sostenible haciendo uso más eficiente de las tierras para cultivo, permitiendo así más espacios de naturaleza. De forma paralela, recomienda el consumo de peces, implementando zonas de exclusión en un tercio de los océanos, lo que generaría el exceso para consumo humano. Sueña adicionalmente con bosques más biodiversos, considerados más efectivos para absorber carbono. Lo anterior permitiría, desde plantaciones de palma de aceite en zonas ya deforestadas, hasta renovadas industrias que consuman menos recursos, recolecten sus desechos y reforesten. Finalmente, incita a desacelerar la tasa de crecimiento de la población, con menos personas en pobreza, mejorando el acceso a salud y educación, especialmente las niñas.

El cambio sísmico que vivimos ocurre en cámara lenta, por lo que muchos le restan importancia. Chernóbil, donde inicia la película, es una muestra de la arrogancia catastrófica del ser humano, que pudo ser corregida en dos días. No será la tierra quien desaparezca, se regenerará en una nueva época geológica.

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