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Padre Jorge Eliecer García
Miércoles 29 de septiembre de 2010 - 09:03 PM

¿Y de la felicidad que?

Publicado por: Padre Jorge Eliecer Garcia

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Conscientemente o no, todos los humanos buscamos de manera profunda, incesante y en muchas ocasiones  equivocada, la felicidad. Podemos preguntar a cada hombre y mujer: ¿cuánto tiempo lleva buscando la felicidad? ¿ la ha encontrado?

Hay gente de 50, 60, 70 años que aún no encuentra la verdadera felicidad; es triste recorrer toda la vida y no encontrar este propósito humano. Tal vez nos equivocamos al buscar la felicidad y recorremos lugares y vivimos situaciones que no nos llevan a la felicidad.

Muchas personas crean “ídolos con pies de barro”; van afanosamente tras lo que brilla; se refugian en la euforia del licor y la droga y la fiesta; llaman “gozar la vida” cuando en realidad se trata de quemar la vida y aún destruirla en festivales, carnavales, ferias y otros, y al final, terminan agotadas y sin felicidad; al final, perdidos e identificados con todos los simulacros de felicidad. La falsa felicidad desapareció, la felicidad nace dentro de nosotros, cuando nos llenamos de Dios y llenos de él podemos ser felices.

La felicidad también está fuera, cuando  vemos en cada ser humano un reflejo de Dios, a quien podemos servir la felicidad es y está en Dios. La felicidad tiene olor, color y forma divina, nace del amor; en todo el cosmos se expresa dando y sirviendo.

Hay muchas formas de dar: tiempo y servicio; estímulo, simpatía y consuelo, consejo, aliento y entusiasmo; empleo, oportunidades y satisfacciones; alabanzas por el trabajo hecho y bien hecho; felicitaciones por  una idea original; servir con gentileza y oportunidad. Vivir las obras de misericordia, en la casa, fuera de la casa, en su ciudad, en su patria…

Es una ley de la vida: cuanto más libre y plenamente damos de nuestro propio ser, tanto más nos enriquecemos, y por tanto, más felicidad inunda nuestra vida.

Cuando usted se sintoniza con la verdadera felicidad, comienza a multiplicar las formas de servir, y a realizar por miles, actos de compasión, de generosidad de humanidad y todo retornará a usted multiplicado por  cien o por mil, o más, si sirvió a partir de la bondad de su corazón.

Y  entonces no dejará pasar un día sin servir abundantemente; y al final del día cuando el sol se oculta, cuando es la hora de la cosecha, “la dulce felicidad suavemente musitará en su oído”.

Pregúntate: ¿fue tu prójimo feliz al cruzar por tu camino? ¿Pronunciaste la palabra que iluminó a tu vecino?  ¿Recordará con el tiempo tu lealtad, tu trato fino? Esta noche cuando expire otro fugitivo día, podrás decir que fue vano o paso sin pena ni gloria? ¿fue tu palabra y acción un regalo de alegría? ¿sembraste amargas tristezas  o  consolador aliento?

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