miércoles 01 de junio de 2011 - 6:48 PM

De la libertad de cultos

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El artículo 19 de Constitución Nacional dice: “se garantiza la libertad de cultos. Toda persona tiene derecho a profesar libremente su religión y a difundirla en forma individual o colectiva. Todas las confesiones religiosas e iglesias son igualmente libres ante la ley”.
Hoy lo que vemos en el mundo es una desbandada de improvisaciones e innovaciones, que como en el caso de Colombia, nos ha llevado a encontrarnos con más de 1950 iglesias, en su mayoría de origen protestante que se denominan cristianas.
Es un hecho que a pesar de todo los colombianos somos religiosos si bien poco practicantes. Han crecido tanto las nuevas iglesias por decirlo de alguna manera, que hoy alcanzan los cinco y más millones de adeptos.
Ahora la clave de este auge es sin lugar a dudas lo que cada una de ellas ofrece distinto a lo tradicional de la iglesia católica, especialmente la romana.
Encontramos en las iglesias “cristianas” algunas características que a mi manera de ver es lo que atrae y enamora. Algunas de ellas son: la experiencia religiosa es intensa, nueva, participativa y envolvente que permite entrar en el ritmo de la celebración. También las prácticas sanadoras que acompañan casi todas las celebraciones con imposición de manos y otros signos.
Todos los participantes son bien acogidos desde la entrada donde siempre hay servidores alegres que los reciben y saludan con cariño. Una pastoral individualizada, con mucha ayuda familiar, invitando a la transformación aceptando a Jesucristo como el centro y señor de la vida. No se trabajan tantos elementos negativos que depriman o presenten a Dios como un Dios castigador, vengativo y alejado de la vida del hombre.
Éstas y otras diferencias marcan la diferencia en detalle y en el fondo entre el culto de las iglesias cristianas nuevas y el culto católico que sigue siendo muy externo y apegado a muchas formas y cánones que impiden expresar la fe con alegría y gozo. El culto católico cuenta con muchos años de tradición, es cierto, pero sigue lleno del polvo milenario y de elementos secundarios que conviene, como dicen los sardinos, sacudir para quedarnos con lo esencial !Ah¡ y lo más triste es que muchos sacerdotes católicos romanos se dedican a perseguir y hablar mal de quienes no pertenecen a ellos. Es indiscutible que al culto católico le falta la renovación del espíritu.

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