lunes 16 de mayo de 2022 - 12:00 AM

16 de mayo de 1984

Pues, ya que hablan ustedes de ser oportunos —interrumpió el ilustre profesor Gregorio Montebell— yo les cuento que precisamente hoy hace 38 años la fuerza pública se metió a la Universidad Nacional.
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Columna de
Puno Ardila

La queja del día se refiere a la desproporción y a la desigualdad en el manejo del poder —propuse como tema de conversación para romper el silencio.

A mí no me parece desproporcionado nada —reviró Osquítar—; porque es importante que los servidores públicos entiendan que no deben meterse en política, así que una suspensión no es desproporcionada, y no puede decirse que desigual, porque fueron suspendidos alcaldes de los dos lados.

En realidad —le respondí— sí es desproporcionado, porque la procuradora no tiene potestad para suspender funcionarios de elección popular; y sí es desigual, porque no ha volteado a mirar lo que hace su exjefe, el Duque, ni el generalísimo Zapateiro... En fin; aunque es muy oportuno el comentario, yo me refiero a la fuerza pública, cuyas proporción y desigualdad pueden percibirse en su ausencia en el llamado “paro armado”, pero volean plomo a diestro y siniestro cuando se trata de marchantes desarmados.

Pues, ya que hablan ustedes de ser oportunos —interrumpió el ilustre profesor Gregorio Montebell— yo les cuento que precisamente hoy hace treinta y ocho años la fuerza pública se metió a la Universidad Nacional en Bogotá y arrasó a moto y a plomo con los manifestantes dentro del campus.

¿A moto?

A moto y a plomo. Se metieron a la brava en moto al campus, después de quitarse los chalecos y los accesorios de identificación, y dispararon hacia los grupos de estudiantes. A algunos de ellos los arrinconaron contra las paredes y los detuvieron.

Pero, ¿a moto?

Claro. Entraron a los edificios montados en las motos, y las pasaban por encima de lo que encontraran. Por ahí guardó el Danilo durante varios años el clavijero del tiple, como recuerdo de su compañía en horas de descanso en las residencias universitarias. Parece que a los policías les despertó fuertes sospechas que un estudiante portara un aparato tan extraño, con cuerdas y clavijas. Pero eso fue lo de menos. Lo de más fue que la investigación “no oficial” registró diecisiete estudiantes desaparecidos —que nunca volvieron a aparecer— hasta que mensajes venidos de quién-sabe-dónde llamaron a la prudencia y a aquietar a los investigadores.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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