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Puno Ardila
Lunes 05 de julio de 2010 - 10:00 AM

Un gremio asegurado

Los taxistas en Bucaramanga –y en Colombia, por supuesto– se han consolidado como un gremio organizado, fuerte e importante, como que son capaces de elegir concejales, y hasta alcaldes; pueden obstruir las vías grandes y pequeñas para conseguir que se respeten sus derechos o sus peticiones; pueden incluso hacer que una ciudad como la nuestra se mantenga totalmente transitada en el día del no carro; y son capaces a veces de conversarle a uno de temas distintos del clima, terreno en que son expertos.

Publicado por: Puno Ardila

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En Bucaramanga los hay de todas las clases: uno que armó una fortaleza dentro del carro para que no lo asalten; uno gigantón que debe salirse del taxi con ayuda; uno que aprovecha todas las pendientes para ahorrar gasolina, aunque el pasajero vaya de afán. Y casi todos esperan que el cliente esté de su parte cuando cometen infracciones, y ellos son muy solidarios entre sí, aunque no tengan la razón. Y se les abona que, por cuenta de la inundación amarilla, en el Área Metropolitana es muy económico andar en taxi; pero esto se debe precisamente a la oferta excesiva frente al número de habitantes. En Bucaramanga no puede uno rascarse una oreja porque le paran tres taxis a ofrecerle el servicio. Y les toca plantarse en sitios estratégicos a esperar una carrerita y, de paso, a obstruir el ídem. Gana más un chino empacador del Éxito –que por cierto dejaron de mendigar por estos días– que un taxista al sol y al agua. Y es que pareciera que el taxi es lo único que se les ocurre a los pensionados, a los desempleados y a los pequeños empresarios, en vez de pensar en otro tipo de actividad (–¿Y ahora qué va a hacer? –No sé manejar taxi).

¿Por qué hay tantos taxis? Yo no sé. Será porque los cupos se reparten a cambio de votos; será porque la venta de cupos es fuente de ingresos para algunos funcionarios. No sé; ellos lo sabrán, pero yo no. ¿Y por qué una sola persona tiene a su nombre hasta centenares de ellos? Tampoco lo sé. Pero vienen las preguntas del millón (de millones que todos pagaremos): ¿Por qué nosotros tenemos que pagar el Sisbén de los taxistas, así no sean estratos 1 ó 2? ¿En vez de reducir el número de cupos, quieren que sigan aumentando y terminen en la indigencia? ¿No son los dueños de los taxis, sus empleadores, quienes están obligados a pagarles el seguro? ¿Habrá política de por medio? Yo sí sé.

 

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