Publicado por: Puno Ardila
Cuánto le mamó gallo Jaime Garzón a Pastrana, un delfín de poco intelecto y pertinaz fijación contra Samper, cuya única respuesta a cualquier pregunta era “¡que renuncie!”, su único discurso, débil como su administración (le pidieron a Antonio Caballero que comparara ese gobierno con el incipiente de Uribe, y su respuesta fue que cualquier gobierno después de Pastrana tenía que ser mejor, porque técnicamente sería imposible que un gobierno pudiese estar por debajo).
Ahora resulta que Uribe está en el mismo plan de no dejar gobernar, pero con el peligro que significa su creciente y desbordada demencia cada vez que insulta al Presidente y habla mal del Gobierno o, lo que acaba de hacer, que publicó información confidencial para ufanarse como fuente infinita de poder y para presionar a que Santos no haga con las Farc lo que él sí hizo en su administración con los paramilitares. Y lo apoya el chupamedias de Pacho Santos, otro subnormal con aspiraciones presidenciales, en este país en que cualquier fulano analfabeto puede ocupar las más altas curules, y que anda ahora publicando vallas en contra del proceso de paz, sin medir siquiera su mensaje frente a los hechos en la administración de la que fue parte como un idiota útil (o inútil).
Pero opina Horacio Serpa que eso que hacen Uribe y Pastrana, y ahora Pacho Santos (supongo), se refiere a hechos que apuntan al cercano proceso electoral, y que así son válidos. No estoy de acuerdo, y tampoco debiera estarlo nuestro ex gobernador, porque es extraño que, después de su furia –aunque muy bien manejada– cuando resultaba con la cara mojada por las estupideces de la campaña de Mockus, diga ahora que cualquier cosa es válida en una campaña política. Si fue incorrecto que le echaran un vaso de agua por la cara, mucho más ha de serlo que un ex presidente y un ex vicepresidente anden haciéndo la guerra al Gobierno, solo porque su amo los ahúcha.
Entonces dice Uribe que se hace responsable por la información que publicó, con lo que acepta que a lo largo de estos diez últimos años, y quién sabe cuántos atrás, ha tenido y ha manipulado de manera ilegal información trascendental para la vida del país.
Aún así no se calla ninguna de estas ladillas.











