Lunes 17 de Septiembre de 2018 - 12:01 AM

Un consejo para Eileen y Alejandro

Columnista: Puno Ardila

Tremendo alboroto. Una pareja de la farándula se agarró a trompadas, y la peor parte —que no siempre— la llevó ella, que rauda y veloz emprendió campaña mediática, y el tipo, por justificarse, publicó alguna pelea que la mostraba “montadora”, como llaman a quienes acostumbran el “cernidillo” en el diario vivir.

Salieron este y el otro, y clamaron justicia e insultaron al agresor. Apareció el infaltable componente político, “que se sigue justificando cualquier clase de violencia porque en el país ganó el no, y que los colombianos siempre buscamos a quién llevarnos en los cachos”. Y luego el religioso de las provocaciones: “Ciertamente el que bate la leche sacará mantequilla, y el que recio se suena las narices sacará sangre; y el que provoca la ira causará contienda”. Proverbios 30:33.

Todos tienen la razón en este chisme de farándula (y pocos hablan de tantos asesinatos de líderes sociales, muchas mujeres entre ellos). Me quedo, entonces, con lo que dijo el profesor Gregorio Montebell:

“No hay justificación alguna para la violencia contra cualquier ser humano. A pesar de nuestra desvencijada, amañada y torcida justicia —que aparece cuando los ojos y los dientes no pueden retornarse al lugar de donde fueron sacados—, la convivencia de los seres humanos debe fundamentarse en el respeto por los demás, y lo que debe primar entre nosotros es la tolerancia; pero bien entendida.

No se trata de que todos tienen que tolerarme ‘porque soy como soy y porque mis derechos y porque mi desarrollo libre de la personalidad’, ni todas esas huevonadas; se trata de tener plena conciencia de que la paz se basa en el respeto por los derechos de los demás, sean mujeres u hombres, y por el entorno, sean animales o plantas, tierra, agua y aire. Fíjese —me dijo— que de niños nos criaron con un principio fundamental de convivencia:

‘Respete, si quiere que lo respeten’; y nosotros, que nos levantamos en la libertad de las montañas, aprendimos que se puede convivir con abejas y avispas, serpientes y arañas, báquiros y toros bravos.

La clave es el respeto; jamás se les olvide”.

Autor:
Puno Ardila
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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