lunes 03 de mayo de 2021 - 12:00 AM

Bienvenida una reforma tributaria

-Por supuesto; se aproximan las elecciones, y los del partido de gobierno están creando un nuevo mesías, que vendrá dizque a salvarnos del chiquero que están dejando ellos mismos.
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Columna de
Puno Ardila

Profesor Gregorio Montebell, ¿qué opina usted de una reforma tributaria en Colombia?

—¡Bienvenida una reforma tributaria!

—Disculpe, ¿pero a usted le parece bien que la gente pague tantos impuestos?

—Claro que sí. Son los impuestos los que sostienen el Estado. Si no hay tributación, el Gobierno vende sus activos para cubrir costos administrativos, y ocurre como el que vende sus propiedades en el Monopolio, que solo cuenta con los doscientos de “salida”: queda en manos de los propietarios.

—Perdone, profesor, pero no entiendo. ¿Usted está de acuerdo en la tercera reforma tributaria del gobierno de Iván Duque?

—A ver: Lo primero es mejor llamar a esta recocha “Gobierno Duque”, como para que tenga nombre; pero entienda que no es “el gobierno de Duque”; él tiene varios jefes: político, que sabemos quién es; económico, cuyo dirigente también sabemos quién es; y armado, con varios tentáculos, que también conocemos, por supuesto.

—¿Y lo segundo?

—Lo segundo es que usted me pidió la opinión sobre “una”, no sobre “esta” reforma tributaria.

—Bueno, ¿qué opina sobre “esta” reforma tributaria?

—Pues lo mismo que opina la gente decente, la gente con algún nivel de consciencia y de racionalidad: que es un atropello a la lógica; lo más inconsciente, inconsecuente y abusivo, que ha puesto al muchacho que tienen de “presidente” a hablar sandeces e incongruencias. Pero ahí, detrás de cualquier logro económico que alcancen para ellos, su búsqueda está relacionada con intenciones políticas.

—¿Políticas?

—Por supuesto; se aproximan las elecciones, y los del partido de gobierno están creando un nuevo mesías, que vendrá dizque a salvarnos del chiquero que están dejando ellos mismos.

Mensæ tegumentum. Todavía desconozco la causa de haber cambiado el partido de Álvaro Gómez Hurtado. Además de mucha risa, el hecho dejó varias cositas: hubo quienes, pese a mis excusas y explicaciones, siguieron insultando (allá ellos); hubo quien insultó sin leer (el mismo bobo de siempre), y ni pilló el gazapote.

Pero, lo más importante, lo que emociona, es que veo una muy buena cantidad de lectores, críticos, fundamentados, decentes. A ustedes, les pido que me disculpen, y que acepten mi gratitud.

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