lunes 19 de octubre de 2009 - 10:00 AM

De colegios y profesores

Recuerdo profesores terribles, como una de biología, cuyas clases se limitaban al dictado de un cuaderno y a poner luego a recitar a sus estudiantes; y también los curas que dictaban religión, que perdieron prosélitos por figurarse aún en el siglo XIX; y los profesores de inglés, que ponían a repetir como loros los textos del 'English, this way'. Y recuerdo casos extremos, como el de Pretelt Naranjo, un rector resentido que tuvo el CUS, y el de tantos profesores sin principio pedagógico alguno, como los de educación física, con sangre militar.

Recuerdo algunos casos de buenos profesores: Sarita, Mariela Durán y Julia Martínez, en la primaria, o el excéntrico español Andrés Martín, indispuesto frente a los demás, pero acucioso en la enseñanza de las matemáticas y de la vida; Eduardo Manrique, un verdadero maestro de la lengua castellana; Rafael Ernesto Moya Franco, tal vez el mejor profesor de sociales que pueda tener un colegio, y que ojalá los tolimenses estén aprovechando hoy; y Nodier García y Manolo Gómez, completamente vigentes aún, que convertían cualquier clase en un episodio ameno de la vida; y Zoila Ruiz, que sacó mecanógrafos con solo cuarenta horas de percusión en el aula. Sé de colegios y universidades de carácter privado que promueven en las asignaturas a sus estudiantes para que no se les vayan los 'clientes', como llama a los estudiantes Amalia Camacho, una decana de Comunicación Social que, sin duda, salió de donde trabajaba, justamente por el empeño de esa institución de dar calidad a la educación que imparte. Pero el hecho de que los colegios oficiales promuevan a los estudiantes sin que estos tengan cuando menos niveles decentes en sus conocimientos no tiene algún tipo de presentación, aún con el sistema alcahuete del MEN. Y si el estudiante pierde, porque definitivamente es negado en la asignatura, entonces debe asistir al cuento de la 'recuperación', y aprueba, de todos modos, sin haber recuperado nada.

Antes los colegios pesaban cuando llegaba la hora de mostrar resultados, y se notaba en los profesores una postura seria frente al hecho fundamental de la educación. Sin embargo, muchos de los colegios ahora se han apegado, a pesar de tener buenos profesores, al juego mediocre de la educación colombiana de hoy. Conozco gente que trabaja allí y sé que el problema no es precisamente de todos los profesores, aunque muchos siguen aliados al cuento de 'hagámonos pasito', y cambian buenas notas por buenos comentarios, y listo, para evitarse el duro trabajo de enseñar y de calificar a conciencia.

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