lunes 08 de agosto de 2022 - 12:00 AM

Disfrutemos el Festivalito en Cenfer

Para los gobiernos regionales y locales es más importante la pólvora y lo chabacano que lo nacional. En fin... Lo importante, de todos modos, es que, contra viento y marea, el Festivalito sigue vivo, y este fin de semana podremos disfrutarlo plenamente en Cenfer.
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Columna de
Puno Ardila

El Festivalito Ruitoqueño arranca nuevamente este fin de semana, después de dos años sin realizarse de manera presencial. Durante toda su vida, desde cuando fue creado en Villa Leo en 1991, el Festivalito ha cargado con muchos problemas económicos, pero el empuje de los santandereanos ha podido más que la desidia del Estado, cuya presencia aparece y desaparece, de acuerdo con los gustos del gobernante de turno, si es culto o no, y si entiende o no la importancia de actividades de este nivel. Casi nunca, en verdad. Para los gobiernos regionales y locales es más importante la pólvora y lo chabacano que lo nacional. En fin...

Lo importante, de todos modos, es que, contra viento y marea, el Festivalito sigue vivo, y este fin de semana podremos disfrutarlo plenamente en Cenfer, en donde quedará a partir de este año, porque la nueva conducción del Centro de Ferias tiene claro, dentro de su enorme visión de empresa, todo lo que el Festivalito representa, para Santander y para Colombia.

—Pero no siempre ha sido así —respondió desde su hamaca el ilustre profesor Gregorio Montebell, sin levantar sus ojos del periódico—, y esto de Cenfer hay que celebrarlo. Yo recuerdo que estos locos del Festivalito —y me perdonarán la infidencia— que andan mamando gallo, riéndose y sacándole punta a todo, adjudican entre ellos el “Premio Cortafrío de Oro” a la persona más descarada para colarse sin pagar. Cuando el Festivalito era en Villa Leo, en Floridablanca, una persona insistía en que debían dejarla entrar sin pagar los diez mil pesitos de entonces, dizque porque era de las “duras” de Cenfer, y como no pudo, hizo que se devolvía, y luego apareció sentadita disfrutando del concierto; y nunca se supo cómo pudo colarse por entre esa poderosa cerca de alambre. Desde entonces, al tiempo que se entrega en público el “Premio Fernando Remolina” al músico que más se suba a la tarima, también se adjudica en privado el “Premio Cortafrío de Oro” a quien aparece entre el público sin pagar la entrada y sin explicación, ni siquiera en palabras de Mafe Walker.

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