lunes 27 de mayo de 2019 - 12:00 AM

Dos personajes oscuros

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Columna de
Puno Ardila

El primer personaje oscuro está dedicado a envainarse en procesos judiciales y policivos, de los que seguramente sale airoso en algunos de ellos, que le representan un porcentaje de éxito en sus métodos; por ejemplo: compra unas hectáreas en la montaña y las vende por el doble o por el triple de su valor (que, por cierto, no es ningún delito); el torcido consiste en que no vende un área determinada, sino que divide el terreno en cuotas parte, y promete una medida que, sumada, significa el doble del terreno existente. Luego, cuando está hecha “la vuelta”, escritura a alguien cercano una de esas cuotas parte para tener injerencia en lo que se venga, y se insolventa. El tipo parte del hecho de que, generalmente, los estafados desconocen la ley, y prefieren “dejar así”.

Por otro lado, hay un político regional, no muy exitoso en sus intentos por hacerse a cargos de elección popular, pero con intenciones muy claras respecto a su futuro económico. Este personaje, oscuro también, es socio del otro personaje oscuro, mencionado en el párrafo anterior, y ambos tienen metodologías similares. En el caso de este, por ejemplo, compra fincas sin tener cómo pagarlas; toma posesión de ellas, apoyado en la buena fe (del campesino, no del personaje, porque este no tiene buena fe), y, sin cumplir con los pagos, deja al campesino sin el pan y sin el perro, porque enreda al vendedor con un proceso jurídico para no pagarle y, por si acaso, le incorpora al predio mejoras, que el campesino, sin tierra y sin el dinero, jamás podrá pagarle.

¿Qué tienen en común estos dos personajes, aparte de haber sido socios en alguno de sus torcidos?: pues que son el fruto de nuestra sociedad; son el resultado de leyes que pueden manosearse hasta que las víctimas se dan por vencidas o mueren.

¿Qué les espera a los campesinos con esta clase de delincuentes? Nada. La ley en Colombia está redactada para que estos malandrines se salgan con la suya, y con ejemplos como el que acabamos de ver con los Nule... ¡Apague, y vámonos!

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