lunes 20 de mayo de 2019 - 12:00 AM

Educación y respeto

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Columna de
Puno Ardila

Hace días hablé del comportamiento estudiantil en colegios colombianos, y recibí varios comentarios que me ponen a dudar del tiempo en que estoy viviendo, y me obligan a cuestionarme no solo sobre mi postura frente a la vida, sino sobre mi actitud frente al trabajo de educador que he venido desarrollando desde hace cerca de cuarenta años.

No sé si con los años —que han pasado, claro, y el mundo ha cambiado— se debe permitir que los estudiantes consuman estupefacientes en las aulas. Desde ese mundo en que yo vivo no puedo pensar un proceso de aprendizaje adobado con marihuana, o una sesión de estudio profundo de matemáticas con una botella de guaro al lado. Sin pasar como “mamasanta” —porque de eso no se trata—, pero nunca, en los muchos años que llevo estudiando y parrandeando con la guitarra, he podido mezclar estos dos momentos: o estoy estudiando o estoy parrandeando.

Y es verdad que uno quisiera algunas libertades, como, por ejemplo, fumar mientras se adelanta algún trabajo escolar, un hecho que no se permitía en las aulas donde me formé, y que sí podía hacerse en las universidades adonde tuve la feliz oportunidad de acceder. Por supuesto, combiné las lecturas y la escritura con el cigarrillo, más por copiar lo que veía en películas gringas que por otra cosa. Cuando me percaté de la estupidez, dejé de fumar, primero mientras trabajaba, y después mientras me divertía. Como dice mi hermano, el filósofo: “Uno en la vida comienza a fumar para demostrar que es maduro, y treinta años después deja de fumar por la misma razón”.

En fin, para no alargar la cosa: el comportamiento en comunidad debe partir del respeto; una cosa es que los muchachos, tal vez por decisión (o seguramente por laxitud) de los padres, puedan vestirse (o desvestirse) como quieran, acostarse con quien quieran y consumir lo que sea, y otra cosa es que tengan que incomodar a los demás en espacios comunes de trabajo o aprendizaje. Como la religión: que cada quien puede creer en lo que quiera, pero debe profesar su fe de manera personal.

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