lunes 11 de octubre de 2021 - 12:00 AM

El atracador solo estaba jugando

Y es la sociedad misma, ignorante e irrespetuosa, la que obliga a que la justicia sea tomada en las manos que no corresponden
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Columna de
Puno Ardila

Aterradora esa escena del billar —le confieso, preocupado, al ilustre profesor Gregorio Montebell—, cuando entran dos hombres con intención de atracar a quienes se encuentran dentro del lugar, y la respuesta es que alcanzan al más osado, lo golpean, con las manos y con los tacos, y le disparan con la misma arma que blandía el atracador.

—¿Le fue mal al atracador, entonces? —me preguntó el profesor.

—Por supuesto. Murió. Tenía solo 19 años. ¿No cree usted que la gente quiere aplicar justicia por su propia mano?

—Pues, la verdad, esa historia no es reciente —dijo Montebell—. No me refiero al atraco en el billar, sino a la postura frente al hecho. Postura de parte y parte, tanto de los asaltantes como de los asaltados. Fíjese usted, por ejemplo, que a lo largo de la historia al abigeo se le ha castigado con la muerte, muchas veces sin que medie un proceso judicial. Pero eso es apenas una situación entre muchas.

—Disculpe usted, pero ¿no le parece que una sociedad se deteriora si la justicia y la aplicación de las penas no se le permiten únicamente al poder judicial?

—Ese es precisamente el problema en sociedades como la nuestra, que el sistema judicial, así tenga “poder”, no funciona correctamente. Como es un sistema, tiene como parte fundamental la educación que se imparte a la sociedad entera, que permite que ese sistema funcione.

—¿La educación?

—Por supuesto. Si la gente ha sido educada, no solo conoce la ley, y la cumple, sino que busca que se cumpla, y respeta a quienes se encargan de aplicarla. Pero en Colombia no se respeta la ley, desde el raponero de la calle hasta el político más encopetado. Y es la sociedad misma, ignorante e irrespetuosa, la que obliga a que la justicia sea tomada en las manos que no corresponden; o, si no, analice usted lo que significan mensajes que corren por ahí: que el abogado que mataron los policías se merecía su suerte; que aquellos no estarían cogiendo café; que este se lo merecía por atracador, pero, incluso, solo estaba jugando.

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