lunes 18 de octubre de 2021 - 12:00 AM

El atracador solo estaba jugando (segunda parte)

Frente al delito, el acuerdo social convierte en señalado al denunciante, no al delincuente.
Escuchar este artículo
Image
Columna de
Puno Ardila

Alguien dijo —le conté al ilustre profesor Gregorio Montebell— que le parecía ridículo que usted hablara de que muchas reacciones de colombianos son acuerdos de la gente, y que «en Colombia existe un “convenio” social de justificaciones para que la justicia no se aplique de la mano de los jueces, sino de fuerzas que no corresponden».

—¿Y yo qué tengo que ver en eso? —contestó de inmediato el profesor.

—Tal vez si lo explica mejor...

—Sin duda, «hay lectores fáciles», como dijo Estanislao Zuleta. Tal vez esa persona está pensando en acuerdos formales de una sociedad, de aquellos que se sellan con firmas y se autentican en una notaría. Estos acuerdos sociales, de los que hablamos hace unos días, no se celebran en el Club del Comercio, ni resultan de sentarse a una mesa y firmar un documento. Se trata de una respuesta consentida frente a acciones que formalmente no serían posibles.

Estos acuerdos resultan de relaciones entre quienes conviven (o lo intentan), y por conveniencia o desgano van permitiendo que ocurran muchas cosas a su alrededor, que pueden estar dentro o fuera de la ley; por ejemplo: la gente se cuela en la fila, y lo normal es el silencio; los conductores infringen las normas, y lo normal es el silencio, o —peor aún— la coima. Un acuerdo social es que una persona trabaja en la Dian o en las aduanas y se da por hecho que sale de ese cargo con dinero en los bolsillos, porque si no lo hace es un bobo. Lo normal es el silencio y la complacencia; y —por el contrario— ser sapo significa a su vez un costo social. Frente al delito, el acuerdo social convierte en señalado al denunciante, no al delincuente. Se acuerda (sin formalidades, por supuesto) que las infracciones y los delitos se “arreglan” con los agentes, sin que llegue la situación a espacios formales.

Recuerde dos “axiomas” colombianos: para lograr algo hay que tener palancas y estar en la rosca, y, segundo, el detestable cuentico de que “papaya servida, papaya partida”. Esos son “acuerdos sociales”. Espero que quede claro.

Otras columnas
Publicidad
Publicidad
Publicidad