lunes 10 de diciembre de 2018 - 12:01 AM

El bicentenario sin Santander

Dice Gregorio Montebell: “Si no voy adonde me invitan, mucho menos adonde no me invitan”; pero si el motivo fuera, por ejemplo, para celebrar a los que se apelliden Montebell, pues el profesor debiera —cuando menos— preguntarse por qué no lo invitan.

¿A qué se debe el comentario?, pues a que el Gobierno Nacional está planeando para el próximo año la celebración del bicentenario de la Independencia de Colombia, cuya campaña culminó triunfante en la Batalla de Boyacá, pero en la lista de invitados al jolgorio no figura Santander. Es decir, que para las rutilantes figuras de la administración encargadas de la organización nada tienen que ver las poblaciones de nuestro departamento en el duro y sangriento proceso que nos permitió deshacernos del yugo español (y precisamente por luminarias de la administración como esas es que estamos soportando otro yugo, igual o peor que el español).

Quién sabe si será ignorancia o negligencia, pero es de verdad inaceptable negar la importancia del Socorro como cuna de la libertad, no solo de Colombia, sino de América; o la de Simacota, que se le adelantó al Socorro y a Manuela Beltrán en el grito libertario; o negar la trascendencia de nombres como José Antonio Galán y Antonia Santos, que suman a la lista de pueblos notables sus cunas de Charalá y Pinchote.

Sí, por ignorancia es que invitan a celebrar únicamente a quienes estos sabios administradores nuestros incluyen en la lista, porque piensan solo en los que participaron en agosto de 1819 en los campos boyacenses, como si entre los bravos combatientes no hubiese nombres santandereanos. Pero lo peor de todo, lo más grave de su ignorancia, es no entender que si no hubiese sido por Charalá la batalla en el puente tal vez tendría otro final en la historia: ignorar la Batalla del Pienta como episodio final decisivo en la Independencia de Colombia es simplemente una falta de decencia.

Mensæ teguméntum. Lamentamos el fallecimiento de Belisario Betancur, hombre culto, ejemplo de cómo ser expresidente. Ojalá comiencen, ahora sí, a conocerse tantas verdades del Palacio de Justicia que han querido mantener ocultas.

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