lunes 19 de enero de 2009 - 10:00 AM

El compromiso policial

La imagen de la Policía se viene abajo cada vez que alguno de sus miembros demuestra mal comportamiento, amparado por el uniforme y engrandecido por el arma de dotación.

Lo del policía que disparó contra un civil en la vía a Cúcuta (culpable o no del delito que se comete en Santander de aprovechar los beneficios venezolanos de la gasolina) no les conviene a la institución ni al país.

Hay anécdotas que manchan el comportamiento policial. Detalles cotidianos: la galantería de bajo perfil que soportan a diario las muchachas en la calle, o la infracción constante de las normas de tránsito, como viajar en el platón de las camionetas, andar con el casco suelto o exceder la velocidad.

El aprovechamiento de circunstancias eventuales: el saqueo en los accidentes, como el agente en Floridablanca que se guardó una costosa cadena de oro, delante de un numeroso grupo de personas y después lo negó rotundamente.

Algunas borracheras lamentables, con uniforme y todo, que se acercan a la línea de la tragedia, como en una población de Santander, donde un agente apostó al polígono con un muchacho, o un capitán del Socorro que iba a disparar contra un estudiante, delante de su familia, porque el muchacho le gritó cuando el uniformado casi lo atropella con el vehículo; pero el ruego de los agentes evitó el disparo.

Las buenas acciones y el apoyo son obligaciones de la Policía.

Allí ingresan quienes tienen vocación de servicio y ganan por ello, poco o mucho, pero es un compromiso adquirido con la comunidad; si esta olvida esas buenas acciones, eso forma parte de lo normal y solo en casos excepcionales (Durán, Rico o Caballero, por ejemplo) hay apellidos que (por su buen comportamiento) no se olvidan.

En cambio, si se trata de abusos y desmanes, la comunidad les guarda las anécdotas, con apellido y todo, tal vez esperando una oportunidad que no se dé, pero que genera pérdida de respeto hacia los miembros de una autoridad que debe ser símbolo de elegancia y actitud intachable.

Así es el caso de la docencia, de cuyo ejercicio muchos profesores esperan gratitud hasta el final de los siglos, pero están muy equivocados; su buen trabajo es un compromiso adquirido con el cargo; en cambio, sus alumnos nunca olvidarán sus fallas y sus salidas en falso.

Así, el policía debe ser el amigo de la comunidad, el superhéroe; lo que él haga bien tendrá el premio del respeto, como único pago.

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