lunes 07 de diciembre de 2020 - 12:00 AM

El milagro del Minoxidil

Mi consejo sincero para quienes serán calvos es que entiendan que, con Minoxidil o sin Minoxidil, quedarán calvos: ¡aprendan a quererse como son!
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Columna de
Puno Ardila

Soy la prueba viviente del milagroso Minoxidil y de sus resultados mágicos entre quienes sufren de una vaina que se llama alopecia androgenética.

Esta fórmula, tan esperada por siglos, ha permitido erradicar el sufrimiento de la caída del cabello, y el sufrimiento –peor– de ser señalado por pelón. O –como dijo Daniel Samper Pizano– servir de marcapáginas social: “Mire: ¿ve al calvo? Dos señoras a la derecha; esa es Teresita”.

He visto en medios de comunicación y en redes una campaña feroz de venta del Minoxidil, para que cualquiera se convierta en un ser peludo: en lobo, en oso, en Hassan Nassar. Esta fórmula milagrosa apareció hace como cuarenta años –no sé si por primera vez–, cuando pasaba yo, en una época muy temprana de mi vida, de ver cómo me salían pelos en la cara y en todo el cuerpo, a ver cómo se me caían los pelos de la cabeza. Y entre las angustias de verme calvo y la de no tener para el mercado, preferí calmar la primera y sacrificar el estómago, que a fin de cuentas el cuerpo era joven y aguantaría.

Y así estuve durante varios años, sometido a reducir aún más mi flaco presupuesto en aras de comprar el milagroso Minoxidil (esa es una condición: que no puede dejar de aplicarse ni una sola vez, “porque pierde el efecto”), hasta que yo mismo quedé tan flaco como mi presupuesto.

Y después de esos varios años, comprando y aplicándome el milagroso tópico, entendí que el propósito del Minoxidil no es físico, sino psicológico; y que la utilización de esta loción mágica solo sirve para oler bien. Y entendí, y me quedó clarito también, que lo único que detiene la caída del pelo es el piso.

Mi consejo sincero para quienes serán calvos es que entiendan que, con Minoxidil o sin Minoxidil, quedarán calvos: ¡aprendan a quererse como son! Yo –además– aprendí a reírme de mí mismo, y eso me permite reírme de todo el mundo, de la vida, y de todo. Gástense la plata en algo mejor: en música, en libros, en unas cervezas...

Programación permanente de música andina colombiana en http://www.cantardelosandes.com

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