lunes 23 de agosto de 2021 - 12:00 AM

El principio delincuencial de la sociedad

Aquí la sociedad parte del principio (y lo celebra, además) de que “no hay que dar papaya”; y que, si se dio papaya, la obligación del otro es aprovecharla.
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Columna de
Puno Ardila

Cuatrocientos hombres agredieron a una mujer que grababa un video en un parque de Pakistán; le rompieron la ropa, la maltrataron, la manosearon y la robaron. ¡Cuatrocientos hombres contra una mujer! Y ahora ella enfrenta el escarnio por provocadora y blasfema. Según Imran Khan, el primer ministro de Pakistán, un hecho como este se debe a que las mujeres provocan a los hombres, porque «si una mujer lleva muy poca ropa, tendrá un impacto en los hombres, tendrá un impacto en los hombres, a menos que sean robots. Si eleva la tentación en la sociedad hasta un punto, y todos estos jóvenes no tienen adónde ir, tiene una consecuencia en la sociedad».

—Eso es lo que en Colombia llaman “dar papaya” —me gritó el ilustre profesor Gregorio Montebell desde un rincón, donde daba forma con la gurbia a un trozo de madera—. La mujer le dio papaya a una multitud de hombres reprimidos sexualmente; estuvo de buenas de que no la hubieran violado.

«¿Acaso acciones como esta pueden considerarse “normales” en una sociedad?» —le pregunté.

—Lamentablemente sí. Allá se justifican los hombres en principios religiosos; por un lado, con dictados opresivos que les impiden un libre desarrollo de su sexualidad; y, por otro, con enunciados que culpan a la mujer de ser portadora del pecado. Entonces, eso que ocurrió se limita simplemente a calificarla como una osadía de la mujer; “si hubiese estado en casa y bien cubierta, nada hubiera ocurrido”.

En Colombia es lo mismo. Aquí la sociedad parte del principio (y lo celebra, además) de que “no hay que dar papaya”; y que, si se dio papaya, la obligación del otro es aprovecharla. Eso incluye puertas abiertas, salir con joyas, hablar por celular, un escote. Es el principio delincuencial: la culpa es del otro porque se descuida, porque provoca.

Así como nadie tiene derecho de tomar lo que no es suyo, ni tocar ni golpear porque ella muestra parte de su cuerpo, tampoco ella tiene derecho de pegarle al abusivo solo porque este muestra su cara de ‘hijueputa’. ¿Será que los colombianos podrán entenderlo?

«Esperemos que sí».

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