lunes 02 de diciembre de 2019 - 12:00 AM

El segundo enemigo

en las castas políticas hay quienes tienen como estrategia culpar a otros, porque con ello se forjan enemigos de “la patria”, y el pueblo termina odiando a cualquiera, y amando al que le hace daño.
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Columna de
Puno Ardila

¿A quién le echamos la culpa de este caos? Al gobierno anterior, por supuesto; porque el gobierno Santos no es que fuera precisamente la maravilla, aunque hizo cositas, como el proceso de paz. Y el gobierno de Santos puede culpar al anterior, aunque también hizo cositas, como hacernos despertar a la realidad. Y este al anterior, el de Pastrana, un incapaz. Y Pastrana culpará a Samper... y así, hasta que lleguemos al virreinato, como si ahí estuviera la raíz del mal.

Hay quienes buscan siempre a un culpable —por la naturaleza misma de su crianza—; cuando el niño se golpea con la silla, la mamá “castiga” a la silla con palmadas para que el niño “entienda” que toca culpar a la silla, y no a la torpeza propia de sus primeros pasos; cuando el piso mojado tiene avisos por todos lados, el tipo que se resbala insulta a la aseadora.

Pero en las castas políticas hay quienes tienen como estrategia culpar a otros, porque con ello se forjan enemigos de “la patria”, y el pueblo termina odiando a cualquiera, y amando al que le hace daño. Y en medio del caos se habla del enemigo, que (más o menos, y en orden) es Lafar, Santos, Venezuela, Petro, otra vez Santos, otra vez Petro, otra vez Venezuela, la izquierda, los estudiantes y, ahora, otra vez Petro, de acuerdo con la última estupidez que se le ocurrió al Duque este que tenemos dizque de “presidente” (pero que ni él lo sabe todavía).

Y la estrategia de tener un enemigo común y de mentiritas sirve además para que deje de hablarse de esos temas “sin importancia”, como Carrasquilla, Odebrecht, Martínez Neira, las masacres de indígenas y de niños, el retorno contundente de los paramilitares, las Águilas Negras y otras fuerzas oscuras de “las fuerzas”, el proceso contra el rey...

Esa es la vaina: como no hay capacidad para entender la responsabilidad social —individual y colectiva— de la situación en Colombia, cuando digan que “soplan vientos de guerra”, no se extrañen de que la culpa sea de Venezuela, o de Petro, o del viento.

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