lunes 01 de febrero de 2021 - 12:00 AM

El sueño de Singapur

En Colombia, el problema no es solo que haya corrupción y corruptos por montón, sino que el aparato estatal, ¡y también la estructura social!, están corrompidos, desde siempre; esa es nuestra naturaleza
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Columna de
Puno Ardila

Un amigo me envió un video, que resume en solo unos minutos la transformación de Singapur en sesenta años; muy poco tiempo para la historia de una nación. Singapur es una nación muy joven, que tiene como ejemplar particularidad el hecho de que no existe la corrupción –cuando menos no de manera distinta de cualquier delito menor–, porque allí no se puede negociar una infracción con un agente de policía o de tránsito, sacar a un preso de la cárcel “porque usted no sabe quién soy yo”, ni un político puede llenarse los bolsillos como parte de su merienda laboral cotidiana. Cualquier acción que se acerque a delito de corrupción hace que el aparato judicial se le venga encima, y termine envainado, pero en serio; porque, si bien al principio las penas por corrupción eran la cárcel y hasta la expropiación, después de ver que no había resultados efectivos, optaron por la pena de muerte para el que le eche mano al erario.

Cómo sería de bueno que en Colombia apareciera un mandatario como Lee Kuan Yew y cambiara normas y procedimientos cívicos, comenzando por la educación, con un programa de valores fundamentales, como ética y civismo; que estableciera fuertes controles y leyes estrictas, y una entidad anticorrupción, independiente del gobierno central, que arreste, multe y confisque. Pero, lamentablemente, en nuestro país ponen a un corrupto a vigilar la corrupción: el gato cuidando el queso...

En Colombia, el problema no es solo que haya corrupción y corruptos por montón, sino que el aparato estatal, ¡y también la estructura social!, están corrompidos, desde siempre; esa es nuestra naturaleza. Desde la invasión española, la herencia social gira en el Nuevo Mundo alrededor del dinero y el poder; desde el mero sustento diario, hasta llegar a amasar fortunas en manos de avaros insaciables. Así que pensar en seguir el modelo de Singapur sería acabar con la mayor parte del pueblo colombiano: políticos ladrones (perdón por el pleonasmo), funcionarios deshonestos, policías y agentes mordelones, falsificadores de todo y, en general, todos los que se la dan de “vivos”, y se enorgullecen por ello.

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